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Controles y colectivos: la vida en Caracas tras la captura de Nicolás Maduro

La capital venezolana intenta volver a la normalidad en medio de una fuerte vigilancia.

Por Redacción

Martes, 06 de enero de 2026 a las 18:06
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A tres días de la incursión militar de Estados Unidos y la captura de Nicolás Maduro, Caracas intenta recuperar una frágil normalidad bajo un escenario marcado por controles policiales, registros aleatorios y la presencia intimidante de los llamados “colectivos” chavistas. Aunque gran parte de la población volvió a sus actividades cotidianas, la tensión sigue latente en distintos puntos de la capital venezolana.

Durante las últimas horas se observó un refuerzo de la seguridad, especialmente en horarios nocturnos, con alcabalas en accesos a la ciudad, puestos móviles y controles a vehículos y peatones. El despliegue se intensificó tras un episodio confuso cerca del Palacio de Miraflores, donde se denunciaron disparos defensivos ante la supuesta detección de drones. En ese marco, permaneció cerrado el tradicional Parque del Este, en Altamira, por razones de seguridad.

Vecinos y activistas de derechos humanos coinciden en que los controles disminuyeron levemente, aunque continúan en zonas estratégicas. En barrios populares, los colectivos armados mantienen un férreo control territorial, con retenes informales y vigilancia permanente. “La mayoría de la gente salió a trabajar, pero el miedo sigue”, relató una referente opositora, que describió un clima de vigilancia constante.

Organizaciones de derechos humanos señalaron que no se registra una ola represiva masiva, más allá de la detención y posterior liberación de 14 periodistas ocurrida el lunes. Sin embargo, el temor persiste. Un docente universitario contó que borró mensajes de su celular al cruzarse con grupos de civiles armados y encapuchados que cortaron el tránsito en una autopista clave que conecta Caracas con La Guaira.

En los comercios ya no se ven largas filas ni compras desesperadas. Las estaciones de servicio funcionan y el transporte público opera con normalidad parcial, incluido el Metro. La escasez se concentra en alimentos frescos, una situación habitual en esta época del año, agravada por las compras preventivas del fin de semana. En zonas cercanas a Fuerte Tiuna, una de las instalaciones militares atacadas, la actividad transcurre sin controles visibles.

En otros sectores, como la Cota Mil, Boleíta y la avenida Rómulo Gallegos, persistieron los registros vehiculares. En instituciones sensibles, como geriátricos, se suspendieron actividades y visitas “hasta ver cómo evoluciona la situación”. La incertidumbre también alcanza al inicio de las clases tras el receso.

En Altamira y en La Guaira, la vida cotidiana comienza a normalizarse, aunque con menor circulación de personas y fuerte presencia policial. En la ciudad costera hay movimiento de transporte y vehículos, pero poca afluencia turística en las playas. En la autopista Caracas–La Guaira, uno de los carriles permanece cerrado, lo que genera demoras.

Así, Caracas respira con cautela: la rutina vuelve de a poco, pero bajo la sombra de controles, silencios prolongados y la amenazante presencia de grupos armados civiles, en un país que aún digiere un hecho que sacudió su historia reciente.

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