El ministro de Economía, Luis Caputo, analizó las posibles consecuencias de la escalada en Medio Oriente sobre la economía global y argentina, y aseguró que “el mejor escudo es tener la macroeconomía ordenada” frente a un shock externo.
El funcionario reconoció que el conflicto internacional representa un factor de alta volatilidad para los mercados, pero sostuvo que la Argentina puede amortiguar el impacto si consolida el equilibrio fiscal, la acumulación de reservas y el proceso de desinflación. En ese marco, respaldó la decisión del Gobierno de alinearse con Estados Unidos e Israel y remarcó que la clave es no desviar el rumbo económico.
Caputo insistió en la necesidad de profundizar las reformas estructurales, especialmente en lo referido al desarrollo del mercado de capitales local. Según explicó, fortalecer el financiamiento interno permitiría reducir la dependencia de Wall Street y canalizar el ahorro doméstico hacia la inversión productiva.
En esa línea, volvió a poner el foco en los dólares que permanecen fuera del sistema formal, al señalar que su volumen sería varias veces superior al de los depósitos en pesos. Para el ministro, lograr que esos fondos ingresen al circuito bancario es un paso determinante para expandir el crédito productivo, los préstamos hipotecarios y el financiamiento de infraestructura.
De acuerdo con su visión, ese proceso impactaría de manera positiva en la actividad económica, el empleo y la recaudación tributaria, generando las condiciones para avanzar, en el mediano plazo, hacia una reducción de impuestos.
El titular del Palacio de Hacienda también defendió la reforma laboral recientemente aprobada, al destacar que introduce incentivos concretos para la creación de empleo formal. Subrayó la baja transitoria de contribuciones patronales para nuevas contrataciones como una herramienta para combatir la informalidad y dinamizar el mercado de trabajo. Al mismo tiempo, cuestionó el modelo anterior al que calificó como “inmoral, injusto e ineficiente”.
En materia cambiaria, Caputo fue tajante: “Nada va a cambiar”. Ratificó que el dólar continuará flotando dentro del esquema de bandas vigente y aseguró que el Banco Central seguirá interviniendo de manera prudente, priorizando la acumulación de reservas y el control de la volatilidad. También remarcó que en los últimos meses se superaron ampliamente las metas de compra de divisas comprometidas con el FMI.
Sobre la inflación, que acumula varios meses consecutivos en alza, el ministro se mostró confiado en que los próximos registros marcarán una desaceleración respecto de enero. Incluso proyectó que hacia el segundo semestre podría observarse una variación mensual cercana a cero, aunque admitió que los tiempos dependerán de que se mantenga la consistencia del programa.