El Gobierno de Javier Milei atraviesa un delicado equilibrio político y diplomático tras la intervención de Estados Unidos en Venezuela, que derivó en la captura de Nicolás Maduro. La administración libertaria se alineó sin titubeos con la Casa Blanca y respaldó públicamente la ofensiva encabezada por Donald Trump, pero al mismo tiempo evitó romper puentes con la principal figura opositora venezolana, Corina Machado, a quien continúa destacando como referente política.
Desde el oficialismo remarcan que la decisión de apoyar a Washington fue tomada por el propio Milei, quien ya había anticipado su postura días antes en declaraciones públicas. Tras el operativo, el Presidente calificó la detención de Maduro como la caída de un dictador vinculado al terrorismo y al narcotráfico, una definición que reforzó el alineamiento con la administración republicana.
La situación se volvió más compleja cuando Trump expresó reparos sobre el liderazgo de Corina Machado, al poner en duda su capacidad para conducir el futuro de Venezuela y anticipar un rol directo de Estados Unidos en el destino del país caribeño. Esa mirada contrastó con la postura que, puertas adentro, sostienen en la Casa Rosada.
Desde el entorno presidencial insisten en respaldar el liderazgo opositor venezolano, al que consideran clave en el proceso de reconstrucción democrática. Esa posición quedó expuesta con la presencia de Patricia Bullrich en una movilización en Buenos Aires organizada por la comunidad venezolana, donde celebró la detención de Maduro y destacó a Machado como una dirigente de proyección internacional, asociada a la paz y a los valores democráticos.
En la misma línea, la ministra también mencionó a Edmundo González Urrutia, a quien ubicó como una figura con protagonismo creciente en el escenario venezolano. Las expresiones públicas de Bullrich reflejaron una línea política que ya había sido sostenida por Milei antes de que Trump hiciera explícitas sus críticas a la líder opositora.
Desde entonces, el Gobierno argentino optó por el silencio frente a las diferencias internas dentro del frente antichavista, mientras reafirma su alianza estratégica con Estados Unidos. La estrategia oficial apunta a acompañar a Washington sin quedar atrapado en disputas sobre el liderazgo opositor venezolano, en un escenario regional marcado por la tensión y la incertidumbre.