Opinión

Lecciones sobre el shale gas

EE.UU. con pocas medidas ya exporta gas de yacimientos no convencionales. Los ejemplos para mirar en la Argentina.
lunes, 28 de julio de 2014 · 12:44
Desde 1954, EE.UU. estableció innumerables medidas, basadas en costos de producción, región geográfica y mercados de consumo, con el objetivo de mantener la producción y suministro de gas a precios justos y razonables. Tras cuatro décadas de políticas energéticas insostenibles, se terminó importando gas.
A mediados de los noventa, el gobierno de EE.UU. decidió desregular el control de precios en boca de pozo facilitando la búsqueda y producción nacional de gas. Con este nuevo marco regulatorio, los productores salieron a buscar nuevas fuentes de gas combinando viejas y nuevas tecnologías. Esto derivó en lo que se conoce hoy como el boom del shale de los EE.UU.
Hoy, el shale oil representa el 39% de la producción total de petróleo y el shale gas el 35% de la producción de gas. Gracias a este boom, Estados Unidos redujo su balanza comercial y atrajo industrias manufactureras y petroquímicas que consumen gran cantidad de energía para producir plásticos, aceros y fertilizantes. También vende gas a Canadá y a México vía gasoductos y el año próximo comenzará a exportar gas natural licuado (GNL) a Europa y Asia.
En la Argentina, hoy estamos padeciendo una de las mayores crisis energéticas de nuestra historia. Aunque abunden las reservas de shale gas en el país, el Gobierno está obligado a importar gas de Bolivia por unos US$11/MBtu y el gas GNL por más de US$18/MBtu, representando el 37% del gas que consumimos. Ambos son vendidos en el mercado local a un precio subsidiado, contribuyendo al déficit fiscal y a la pérdida de reservas. En total se importan unos US$15.000 millones anuales en gas y combustibles.
Mientras tanto, el Gobierno paga US$2,5/MBtu al gas producido por pozos existentes en la provincia de Neuquén, el principal productor de petróleo y de gas del país, aunque hay pozos que podrían producir gas si el precio en boca de pozo superara los US$4,5 MBtu.
La Argentina tiene supuestamente la tercera reserva de shale gas más grande del mundo detrás de Estados Unidos y China. Sin embargo, el país aventaja a los asiáticos dado que algunas de las formaciones con recursos no convencionales tienen acceso a oleoductos y gasoductos existentes.
Un pozo de fracking hidráulico vertical de shale gas en China cuesta, en promedio, US$15 millones y aquí, la mitad. Un pozo de shale horizontal en los EE.UU. cuesta unos US$10 millones, pero son mucho más rentables porque pueden alcanzar una posición horizontal paralela a la zona productiva de hasta 8 km.
A pesar de tener importantes reservas de recursos no convencionales, la Argentina sólo produce en materia de hidrocarburos de shale menos del 4% de su producción total. Esto se explica por la incierta y contradictoria política energética que tiene el Gobierno Nacional.
En las últimas semanas, la revista The Economist concluyó su nota sobre los recursos no convencionales de shale en México explicando que la única similitud que existe entre el sur de Texas (Eagle Ford Shale) y el norte de México es la formación de los yacimientos, ya que al sur de la frontera no existe la infraestructura técnica, el marco legal y las regulaciones para explotar estos yacimientos. Sin mencionar al país, el artículo perfectamente podría haber dicho que el país al que se refería era la Argentina.
El autoabastecimiento energético es una cuestión estratégica para cualquier país. Para lograr este objetivo, la Argentina debería abandonar el control de precios de venta en boca de pozo, o por lo menos incrementar sustancialmente su precio, para estimular la búsqueda y producción como lo hizo Estados Unidos dos décadas atrás.
A su vez, el Gobierno Nacional debería ofrecer mayores garantías para que las empresas productoras de hidrocarburos puedan exportar sin restricciones una parte significativa de su producción, girar utilidades, y proveer mayores facilidades y excepciones aduaneras para que estos importen equipos y productos necesarios para realizar el fracking.
La exploración, producción y exportación de hidrocarburos ayudarán a reactivar la economía y estimular el crecimiento económico mediante la creación de trabajos bien remunerados e inversiones multimillonarias.

(*) José Brillo es ingeniero químico y ex diputado nacional del MPN .

(**) Fernando Rodríguez es economista y analista de oleductos y gasoductos para el Departamento de Energía de los EE. UU.

Fuente: I eco / Clarin

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