RADIOGRAFIA PETROLERA

La industria petrolera se enfrenta a las renovables

La tendencia de la industria para los próximos años. El crecimiento sostenido que sostiene la OPEP y el 40% de los equipos de perforación son obsoletos tecnologícamente en Argentina. Una mirada a la industria mundial y la visión estratégica local.
martes, 19 de enero de 2021 · 12:38

Luego de un año donde la economía mundial se desaceleró y las empresas reacomodaron rápidamente sus estrategias, será importante evaluar la tendencia de la industria energética para los próximos años.

Ayer se publicó parte de un resumen que estimó que la demanda de petróleo en el mundo crecerá estimulando a la oferta. En la nota se hizo mención a que el ingreso de los Demócratas a la Casa Blanca traería consecuencias a la industria petrolera norteamericana y crecerían las energías renovables a expensas de los combustibles fósiles.

La pandemia generó un cambio de paradigma, tanto en la sociedad como en sus líderes políticos, motivando a las grandes compañías energéticas a migrar lentamente sus presupuestos a desarrollos de energías renovables.

Estas decisiones se observan en la cantidad de equipos en actividad a diciembre de 2020. De los 2255 equipos de perforación que se contabilizaron en el 2018, un año después se registraron 2058 equipos y a finales de 2020 se contaron tan solo 1104 equipos en actividad en todo el mundo. La desaceleración en la perforación a nivel global fue del 53%.

Mientras tanto, Estados Unidos registra una caída del 70% respecto al 2019, una fuerte tendencia a las energías renovables y el poco interés en pelear el dominio del mercado petrolero mundial. Estos indicadores presuponen dos escenarios posibles. El primero denominado Business-as-usual (BAU) que se posiciona en el crecimiento sostenido de la actividad en donde están los países de la OPEP; y el otro llamado Net-ZeroEmissions (NZE) donde las grandes economías tienen metas concretas para el 2030.

Cuando se analiza el escenario en el corto plazo se estima que el crecimiento de la industria petrolera será gradual y sostenido, generando previsibilidad y estabilidad al mercado petrolero. Sin embargo, al mirar un poco más allá se observa que a partir de 2022 o 2023 las NZE tendrán un mayor protagonismo reemplazando las energías tradicionales.

Panorama Local

El escenario para Argentina es incierto. El Gobierno Nacional implementó durante el 2020 “estímulos” que hasta el momento no dieron los resultados esperados. Primero fue el Barril Criollo, una medida para salvar las economías de las provincias petroleras más que reactivar la industria. Luego el Plan Gas.AR para incentivar la inversión y sustituir la importación.

Más allá de las decisiones de coyuntura que obligaron al Gobierno Nacional a implementar medidas intervencionistas en un mercado que tendía a la desregulación, se observa la falta de una visión estratégica en materia energética.

Por ejemplo, en diciembre de 2020 la industria petrolera local alcanzó los 35 equipos en actividad sobre los 65 que se contabilizaron en 2019, pero la realidad es que el parque de perforadores está compuesto por 139 equipos de los cuales el 38,5% tiene una antigüedad mayor a los 30 años.

Esto significa que Argentina tiene 82 equipos con una tecnología superior a los 57 Rigs mayores a los 30 años y potencialmente posibles para ingresar en la actividad. Esta radiografía indica que a diciembre de 2020 solo el 25% de los equipos de perforación están en el campo y que un 38,5% quedó fuera del mercado.

A su vez, la administración de Alberto Fernández eliminó del organigrama la Subsecretaría de Energías Renovables y, consecuentemente, se interrumpieron los proyectos de inversión. Estas decisiones terminaron paralizando las obras que de alguna manera mostraban un camino hacia las energías sustentables y una mirada al 2030.

Con un parque de perforadores desactualizado tecnológicamente, un mercado local regulado, la falta de inversión en energías renovables y la inexactitud de una visión estratégica, el panorama para los próximos años en Argentina se presenta poco alentador. Un modelo de gestión que consumió tiempo sin resultados en el corto plazo, y ahora está a punto de perder la visión del mediano plazo.

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