Un kiosco narco que operaba en el barrio Tosco de Luis Beltrán fue desarticulado tras una investigación que se inició a partir de una denuncia anónima al 0800-DROGAS, terminó con un allanamiento y dejó como resultado el secuestro de cocaína, marihuana, dinero y celulares, además de un hombre mayor de edad imputado por venta de estupefacientes.
Todo arrancó con un llamado a la línea gratuita del gobierno de Río Negro. Del otro lado del teléfono, alguien decidió contar lo que pasaba puertas adentro de una vivienda del barrio. A partir de esa información, se puso en marcha una investigación que se extendió durante varias semanas y que permitió confirmar lo que en la cuadra ya era un secreto a voces: desde ese lugar se vendía droga de manera constante y a baja escala.
Con el correr de los días, los movimientos comenzaron a hablar por sí solos. Entradas y salidas rápidas, horarios repetidos y personas que llegaban, esperaban poco y se iban. Ese patrón terminó de cerrar el cuadro y permitió reunir las pruebas necesarias para avanzar con una orden de allanamiento librada por el Juez Federal de Roca, Hugo Greca.
El procedimiento se concretó durante la mañana, con un despliegue que incluyó personal especializado de la División Toxicomanía y un grupo táctico del COER encargado de asegurar el ingreso a la vivienda. El operativo fue rápido y controlado, sin incidentes, pero con resultados contundentes.
Adentro, los policías encontraron lo que esperaban. Había cocaína y marihuana fraccionada, lista para ser vendida, además de balanzas de precisión, dinero en efectivo y varios teléfonos celulares que ahora serán clave para la causa. También se secuestró una planta de cannabis, lo que terminó de confirmar que el lugar funcionaba como un punto de venta activo.
Como consecuencia directa del allanamiento, el ocupante del domicilio, un hombre adulto, quedó imputado por infracción a la ley de estupefacientes y a disposición de la Justicia Federal. Mientras tanto, la investigación sigue en marcha para analizar el material secuestrado y determinar si hay más personas involucradas en el circuito.
El golpe no fue menor para el barrio. Durante mucho tiempo, ese kiosco narco había alterado la tranquilidad de la zona, con movimiento permanente y un clima de tensión que los vecinos conocían de memoria. Esta vez, una denuncia anónima fue suficiente para que todo empezara a desmoronarse.