INNOVADORA IDEA EN SALUD

Tres físicos del Balseiro elegidos para ir a Silicon Valley

es un dispositivo de diagnóstico médico que mide la viscosidad de fluidos, llamado microviscosímetro.
miércoles, 4 de mayo de 2016 · 15:10

Tres físicos del Instituto Balseiro fueron elegidos por la Singularity University para participar de un programa de aceleración de empresas startups, en el corazón de Silicon Valley, en los Estados Unidos.

Allí tendrán la oportunidad de hacer crecer su proyecto tecnológico que tiene como principal producto un sensor de viscosidad de la sangre que fue desarrollado en Bariloche.

Nadim Morhell, Darío Antonio y Hernán Pastoriza son los tres doctores en Física egresados del Instituto Balseiro que fueron seleccionados por la Singularity University para participar de un programa de aceleración de empresas startups o emergentes.

Pastoriza y Antonio viajaron a Silicon Valley, el mítico centro de innovación tecnológica californiano. Allí vivirán durante diez semanas para aprender sobre el mundo de los negocios. Morhell se quedó en Bariloche iniciando las operaciones de una flamante startup, que nació como concepto en un laboratorio del Centro Atómico Bariloche en 2010 y que legalmente fue creada recién esta semana.

Antes del viaje, los físicos se reunieron en el campus del Instituto Balseiro, dependiente de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) y la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEA), y describieron algunos detalles sobre la noticia que tiene como protagonista a su pequeña empresa, "MZP”.

Explicaron que el producto a partir del cual fundaron esta empresa es un dispositivo de diagnóstico médico que mide la viscosidad de fluidos, llamado microviscosímetro.

Este dispositivo es el que llamó la atención de la Singularity University, por su potencial impacto mundial en el campo del diagnóstico clínico. El producto es innovador porque logra medir la viscosidad de la sangre de bebés con tan sólo una gota de muestra. Es un microchip de 1 cm x 1 cm fabricado con técnicas de micromaquinado y compuesta por estructuras micrométricas donde se mide el movimiento del líquido que se quiere analizar.

Según informaron los físicos, el dispositivo aporta una nueva información para prevenir y monitorear diversos problemas circulatorios asociados a la hiperviscosidad sanguínea en neonatología y otras condiciones que requieren monitoreo periódico. Su microfabricación es por ahora difícil, destacaron los físicos, ya que se realiza en laboratorios de ambiente controlado con filtros de aire que garantizan un alto nivel de limpieza. Los primeros prototipos se realizaron en la Sala Limpia del Centro Atómico Bariloche y el desafío ahora es aumentar la escala de producción en serie.

En Silicon Valley, los argentinos tendrán la oportunidad de aprender herramientas de transferencia tecnológica y negocios de la mano de líderes a nivel mundial dentro del "Programa de Soluciones Globales” de la Singularity University.

Después de siete semanas, junto con los demás participantes de distintos países deberán demostrar la factilibidad de crecimiento de la compañía, en un desafío en el que deberán mostrar cómo podrían impactar de forma positiva a mil millones de personas en una década. "Vamos a ver si de una empresita, podemos pasar a ser una empresa más grande”, destacó Pastoriza, que es el líder del equipo de físicos, tecnólogos y ahora empresarios.

El interrogante que disparó el desarrollo del microviscosímetro fue el siguiente: ¿Era posible fabricar un sensor que pudiera diagnosticar la hiperviscosidad de la sangre de bebés con sólo una gota de sangre? La pregunta fue planteada por la neonatóloga María Zalazar, del Hospital Zonal de la ciudad de Bariloche.

Pastoriza tomó la inquietud y propuso el tema de tesis en la orientación de física tecnológica de la maestría en ciencias físicas del Instituto Balseiro.

El joven tucumano Nadim Morhell, que por entonces (en 2009) tenía 23 años, aceptó el tema y realizó su investigación, dirigido por Pastoriza, en el Centro Atómico Bariloche de la CNEA. En 2010 aprobó su tesis al demostrar un rotundo sí a la pregunta planteada por Zalazar.

Ya existían otros viscosímetros en el mercado pero más costosos y que demandaban una calibración inicial y una mayor cantidad de muestra. "Demostramos que podíamos miniaturizar el sensor en forma de un chip, logrando el diagnóstico con sólo una gota de fluido”, explicó Morhell, que es en la actualidad docente en el Balseiro.

En 2010, el proyecto de Morhell ganó el primer premio del concurso IB50K (www.ib.edu.ar/ib50k), un certamen de planes de negocios promovido por el Instituto Balseiro. El premio consistía en una suma de 30 mil dólares, que fue invertida en incubar el innovador desarrollo. Para el joven, esa oportunidad fue muy importante y a la vez un puntapié para postularse a otros pedidos de subsidios de transferencia tecnológica.

En 2015, Morhell se recibió de doctor en Física también en el Balseiro, con beca del CONICET. Ahora, está concentrado en hacer crecer la startup que fundó junto con Pastoriza y Antonio. Ante la consulta de si continuará haciendo investigación, respondió: "Me gustaría seguir en el campo del emprendimiento y de la innovación tecnológica”. Y ya planea realizar algún posdoctorado en el extranjero. Con el fin de averiguar si el desarrollo podía ser posicionado con éxito en el mercado y potencialmente ponerse en práctica en hospitales de la Argentina y de otros países del mundo, en 2014 otro egresado del Balseiro, Darío Antonio, se sumó al equipo de Morhell y Pastoriza.

En la actualidad, el equipo está finalizando un estudio de fase pre-clínica y está en puerta la fase clínica de este dispositivo.

En el camino de este desarrollo, el equipo ganó diversos subsidios, entre ellos uno del programa "Presemilla” de la Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN) y otro del programa de fortalecimiento de empresas entre la Argentina y la Unión Europea "Nanopymes”.

El último subsidio que recibieron fue de la línea "Empretecno” del FONARSEC de la Agencia de Promoción Científica, perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. "Como el proyecto fue desarrollado con infraestructura y recursos humanos de la CNEA, el CONICET e INVAP, las tres instituciones firmaron un convenio asociativo público-privado para poder recibir este subsidio del MinCyT”, explicó Pastoriza.

La empresa MZP está naciendo legalmente en mayo ya que debía finalizar primero la participación en el programa del FONARSEC. Ahora, destacaron los físicos, se está realizando un acuerdo de licenciamiento para que parte de las regalías futuras sean recibidas por CNEA y CONICET. "Este tipo de premios y subsidios son fundamentales para ayudar a transferir la tecnología a la sociedad”, opinó Pastoriza. Y agregó: "INVAP es un ejemplo de caso exitoso de transferencia de tecnología a la sociedad. Ojalá podamos ser tan exitosos como INVAP, aunque en otro ámbito. El desafío más grande ahora es hacer el salto al mercado”.

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