LA OTRA CARA DE LA PANDEMIA

Nuevas promesas, tras desesperado reclamo por violencia en un refugio

El padre Fernando Barrufet volvió a hacer público su reclamo; mantiene en soledad un refugio para hombres de calle, violentos y con adicciones.
sábado, 11 de julio de 2020 · 18:40

“Quedate en casa” dice el repetido slogan. Como si fuera fácil y pudieran cumplir todos. Y no es en referencia a los “anticuarentena”, sino lisa y llanamente, a quienes no tienen dónde ir, porque su casa es la mismísima calle. El cura de la capilla Inmaculada Concepción de Neuquén, Fernando Barrufet, volvió a acudir a las redes sociales para poner en el tapete una situación que lo supera: tuvo “la mala idea” en cuarentena, de dar alojamiento a hombres en situación de calle.

Atemorizado y cansado a sus 70 largos años, publicó el jueves pasado en las redes sociales: “En casi tres meses sólo he tenido promesas de los organismos públicos y hasta me han llegado a decir: “vos comenzaste este refugio, vos le tenés que poner fin”. Repito la pregunta que hice en el mes de abril: ¿quién tiene que hacerse cargo de estas personas? y estoy convencido de la misma respuesta: el Estado”.

Este diario consultó si hubo intervención tras este pedido de auxilio -efectivamente no es la primera vez que acude el padre Fernando acude a los medios de comunicación- y desde el Ministerio de Desarrollo Social y Trabajo de la provincia, se informó que el viernes hubo una reunión, con intervención del obispo Fernando Croxatto, representantes de esa cartera y también de Ciudadanía, donde se labró un acta con el compromiso del Estado de resolver el conflicto. En ese acuerdo se establecieron fundamentalmente dos puntos claves, como “solución” al problema: reubicar a las personas alojadas en el refugio en la semana del 13 al 17 de julio y el compromiso “de no recibir nuevos usuarios dado que las condiciones operativas y de infraestructura no están dadas”.

Según se explicó, desde abril distintas áreas de Gobierno se acercaron a la parroquia para colaborar, por un lado, con un equipo técnico de la Subsecretaría de Ciudades Saludables y por el otro, con viandas para el refuerzo alimentario. Pero nada de esto alcanza para resolver el conflicto generado por estos 10 hombres, quienes no tienen hogar, sufren de adicciones y constantemente generan hechos de violencia, poniendo en riesgo sus vidas y la del mismo cura Fernando.

“Publiqué la nota porque en la misma semana se organizó entre ellos, dos peleas brutales y tuve que llamar a la Policía. En esa ocasión, dos oficiales -conocedores mejor que yo de la psicología de estas personas- me pidieron que cerrara el albergue provisorio. Pero ¿cómo dejar en la calle a estos refugiados cuando no se podía circular?. Por eso preguntaba ¿quién tiene qué hacerse cargo de ellos? Sin duda corresponde a los distintos organismos del Estado”, explicó el sacerdote. También contó que, al visibilizar la situación, obtuvo rápida respuesta de diferentes sectores, con ayuda concreta. “La charla con los asistentes sociales despertó mucha esperanza en estos hombres. Pensaban que les iban a conseguir alguna ayuda, para alquilar una pieza y alguno regresar a su provincia. Cada tanto me preguntan si les han conseguido algo, pero no tengo ninguna respuesta. Hoy me preguntaban dos, si haciendo huelga de hambre se conseguiría algo. Mientras tanto la vida en el refugio se ha ido haciendo cada vez más difícil: han surgido peleas, han roto vidrios, las videocaseteras de los dos lugares donde viven, la tapa de un tanque de agua por donde pasan para salir a escondidas a buscar bebidas, droga, irse con mujeres, han forzado la puerta de la oficina para usar la computadora; ahí estaban las llaves de todo el edificio y las han usado también”, relató desesperado el sacerdote.

Finalmente, este viernes, al hacerse pública la denuncia, nuevamente acudieron referentes estatales, pero en esta ocasión, las promesas se dejaron por escrito. El padre Fernando había afirmado: “desde abril hasta ahora, sólo me han llegado avisos de: “Esta semana vamos a resolver”. Las cosas de Palacio van despacio”. Habrá que esperar si se cumple el nuevo plazo: reubicar esos hombres en otro lugar, a partir del próximo lunes.

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