PANDEMIA

La muerte de Valenzuela, el "gordito" de Alfonsín, por coronavirus

Sergio Valenzuela era dirigente de ATE en Cutral Co-Plaza Huincul. Estaba internado en Zapala.
miércoles, 26 de agosto de 2020 · 00:00

En el frío parte estadístico del gobierno, del día martes, se anunciaron dos muertes por Covid 19. Una de esas muertes, frutos indeseados de la pandemia que golpea con más fuerza que nunca en Neuquén, fue la de Sergio Valenzuela, dirigente sindical de ATE en Cutral Co y Plaza Huincul, quien será recordado por haber protagonizado, en el acto del centenario de Chos Malal, aquel grito de "tenemos hambre", que le fue respondido por el entonces presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, con un sonoro "a vos no te va tan mal, gordito".

Sergio Valenzuela, entonces, estaba más vinculado al fútbol que al sindicalismo. Formaba parte de la barra de Alianza de Cutral Co. Habían ido a Chos Malal con cierta beligerancia, que el peronismo neuquino le tenía reservada, al igual que en el resto del país, al primer Presidente de la nueva democracia, renacida tras los años aciagos de la dictadura militar.

Aquel aniversario en el norte neuquino fue muy especial. Raúl Alfonsín tenía una amistad muy afectiva con Felipe Sapag. Venir a Neuquén, a ese aniversario de lo que había sido la capital territoriana, fue un gesto generoso. El MPN lo agradeció, aunque en su interna reflejaba la misma ambivalencia respecto del gobierno nacional. Una ambivalencia que atravesó al gobierno de Pedro Salvatori, y derivó, finalmente, en el triunfo de Jorge Sobisch, aliado con el sector más peronista del partido provincial, en 1991.

Aquel joven Sergio Valenzuela fue haciendo carrera después de aquella anécdota, en el sindicalismo estatal. En las filas de ATE se fue consolidando. Pero su carrera gremial nunca hizo olvidar aquella anécdota. Cada tanto algún periodista la revivía. Salió por televisión porteña, varias veces. En su vida, aquella afilada frase presidencial lo marcó, y le dio cierto lustre.

La muerte se lo llevó este martes, desde Zapala, a donde había sido llevado para ser atendido en el hospital. Se había contagiado el coronavirus. Era paciente de riesgo, con hipertensión. El sindicalismo estatal lo despidió con frases emotivas.Y no pudo evitar la referencia inexorable hacia aquel momento breve, pero profundo, el que, tal vez, terminó de alinearlo en un lugar de la política, que, al cabo, fue su vida.

 

 

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