En pleno corazón de San Telmo, a metros de Plaza Dorrego, Juan Carlos Pallarols recibe a Mejor Informado con la calma de quien ha sido testigo privilegiado de la historia. Su taller no es solo un espacio de trabajo: es un punto de encuentro entre la política, el deporte, la fe y la identidad argentina.
El nombre de Pallarols está inevitablemente ligado a los bastones presidenciales, símbolos máximos del traspaso institucional. Pero hoy, su energía está puesta en otro desafío igual de profundo: la creación de un cáliz para el Papa León XIV, una obra que define como “colectiva” y profundamente humana.
“Lo más lindo es que se juntan personas de todo el país, incluso de distintos credos”, cuenta. Cartas, mensajes, páginas enteras llegan hasta su taller. “Todos quieren participar, dejar algo. Tenemos que sentir juntos, emocionarnos juntos, reírnos o llorar juntos. Es una forma de hermanarnos”, explica, y compara esa experiencia con lo que significó el bastón de mando.
Una vida ligada al poder… y a sus límites
El primer presidente al que Pallarols entregó un bastón fue Juan Domingo Perón, en 1973, cuando aún residía en Gaspar Campos. Luego vinieron Raúl Alfonsín, Carlos Menem y todos los mandatarios que lo sucedieron. “Siempre fueron muy amables y recibieron el bastón con mucha ilusión”, recuerda.
Sin embargo, lejos de idealizar el poder, Pallarols ofrece una mirada reflexiva: “Para mí es un logro entregar un bastón más a un nuevo presidente, pero después imagino que las presiones deben ser enormes y que no siempre pueden hacer todo lo que sueñan”. En ese sentido, insiste en la necesidad de fortalecer la educación sobre el sistema institucional desde la escuela.
En el día a día, entre turistas y vecinos de San Telmo, surgen comentarios curiosos. “Muchos creen que tengo influencia con los presidentes”, dice entre risas. “La gente es ingenua a veces. Yo veo que todo es mucho más complejo, con muchas presiones. Deberíamos acompañarnos más entre todos”.
Fútbol, emoción y pertenencia
El taller también guarda recuerdos del deporte argentino. Pallarols trabajó con Diego Maradona, Lionel Messi, la Selección y grandes equipos del fútbol, y conserva camisetas firmadas que atesora con emoción. “Eso me alimenta el espíritu”, confiesa.
Hincha de River Plate, recibe con orgullo un cuadro pintado en Estados Unidos con los colores del club. Pero aclara rápido: también trabajó para Boca Juniors. “La mayoría de mis amigos son de Boca. Nos reunimos todos los miércoles desde hace años”, cuenta. Para él, el fútbol es unión, no disputa: “La paz es fundamental”.
Un lazo con el sur
Neuquén, Río Negro e incluso la Antártida forman parte de su recorrido personal. “Siempre me recibieron muy bien. Son lugares hermosos, tan cercanos entre sí. Argentina es tan amplia que siempre invita a recorrerla”, destaca, y envía un mensaje afectuoso: “Un abrazo grande a todos los hermanos del sur. Si me llaman, voy con el cáliz del Papa para trabajar con ustedes”.
Con más de medio siglo de oficio, Juan Carlos Pallarols sigue creando símbolos. Algunos quedan en la historia institucional, otros en el corazón de la gente. Todos, hechos con la misma convicción: trabajar juntos, sentir juntos y no perder la capacidad de emocionarse.