LA AMISTAD Y LA DONACIÓN DE ÓRGANOS

"Yo tengo un pedacito de ella para siempre"

Honrar la vida, honrar la amistad, ahora Eli, tiene “un pedacito de ella para siempre”; y Ana María, una hermana del corazón, hasta que la muerte las separe.
martes, 19 de julio de 2022 · 16:12

Muchos creen que la familia no se elige, pero los amigos sí. Hay acciones y hechos que tiran más que la sangre. La amistad que trasciende cualquier concepto literario. Honrar la vida sin esperar nada del otro. Querer el bien y la salud plena de tu hermana del corazón. 

Se aproxima el día del amigo, y consigo miles de historias nos muestran el verdadero lazo y hermandad entre amigas. Y este es el caso de Elizabeth Gismondi, de 53 años y Ana María Seijo de 56.  "La amistad es ser hermano del corazón", con esas siete palabras, Eli, definió según sus vivencias su relación con Ana María, quién le donó un riñón el 29 de diciembre del 2016. 

 

Todo buen final, tiene un comienzo y un desarrollo. Como tuvo y tiene la vida de Elizabeth, quién nació en San Rafael, Mendoza, luego se fue a estudiar la carrera de abogacía a Buenos Aires, y allí quedó embarazada de Facundo, su primer hijo. En 1994, con el pequeño de a penas un mes, decidió echar raíces en nuestras tierras, aquí estaba su hermano menor, quién fue que la motivó a que se radique en la capital neuquina. 

Y ahí fue cuando Ana María (que ya se conocían), le abrió las puertas de su casa, a ella y a su bebé. "Siempre estuvo muy atenta a lo que yo necesitaba", afirmó Gismondi, en diálogo con la redacción de mejorinformado.com. "Ya instalada con ella, conseguí trabajo en la Legislatura, retomé mis estudios y luego, pude alquilar una casa", comenzó de cero, su nuevo hogar, y Ana María, estuvo ahí, con una sensibilidad enorme, muy empática y solidaria, así como la define Eli: "Todo, tiene doble y todo lo da, y así con un palo de amazar que tenía demás, me lo dio y comencé junto a mi hijo a construir nuestro nuevo hogar". 

 

 

Elizabeth, padece una enfermedad hepática: poliquistosis, que se caracteriza por la presencia de múltiples lesiones quísticas de origen biliar. Coloquialmente hablando, los quistes van creciendo, y a la larga los órganos dejan de funcionar. Eli, necesitaba un doble trasplante, de riñón y de hígado, es decir de una persona no viva. 

Su salud se iba deteriorando, y en el 2014 estuvo en el policlínico de Neuquén, dónde fue intervenida quirúrgicamente, y tuvieron que derivarla en plena noche, de urgencia, en un vuelo sanitario a la ciudad de Buenos Aires. Alí, quedó internada en el Hospital Italiano. El trasplante era primordial. Diez días en coma inducido, esperando el milagro. 

 

 

Llegó el otoño, y consigo, la evaluación para el trasplante: “Los médicos buscan que el paciente pueda soportar el post operatorio”. Ana María, siempre quiso ser la donante, pero en este caso no podía.

 

Llegó el 2015, y Eli, ya estaba en la lista para ser trasplantada. Urgía su operación. Nuevamente sus días en buenos Aires, ya con dos hijos, era entre hospitales y estudios. A la espera. A la pronta entrega. Pasó el año y llegó el 2016, y consigo el doble trasplante: “Ambos los recibí de una mujer que había sufrido un ACV, esa es la única información que me dieron los médicos”.

Lamentablemente su cuerpo rechazó el riñon y se lo tuvieron que retirar a los tres meses, mientras que el hígado si resultó: “Cómo si fuese mío siempre”, contó. “Al tiempo volví a Neuquén, volví a trabajar, recaí, y regresé a Buenos Aires”. Ana María, su gran sostén, insistía en que quería ser su donante, además de varios familiares. “La médica me dijo: `` ¿Quién es la que más insiste? ``, Ana, pensé inmediatamente. Y así fue”, recordó Eli.

 

Llegó noviembre: Elizabeth ya estaba internada en Buenos Aires, su salud había empeorado en demasía. El trasplante no podía esperar más. Y ahí, un gran amigo de ella, abogado, Alberto Kamann, hizo el trámite de la autorización judicial (una medida que toma un juez), dónde ambas dan su consentimiento.

 

“Ante testigos, psicólogos y un fiscal, se firmó todo. El proceso fue rápido, duró diez días. Porque era urgente el trasplante”, afirmó. Y llegó el 29 de diciembre del 2016, dónde culminaba un año y comenzaba una nueva vida para ambas. El trasplante fue un éxito. A Ana María le dieron el alta el 31 de diciembre, y a ella el 6 de enero.

 

 

Honrar la vida, honrar la amistad, ahora Eli, tiene “un pedacito de ella para siempre”; y Ana María, una hermana del corazón, hasta que la muerte las separe.

 

 

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