El pasado 13 de septiembre de 2025, una intensa bola de fuego iluminó el atardecer y sorprendió a habitantes de localidades en La Pampa, el sur de Buenos Aires y el sudeste de Río Negro. El fenómeno fue observado en ciudades como Winifreda, Jacinto Arauz, Alpachiri, Bahía Blanca y la capital rionegrina, Viedma.
Testigos describieron cómo la luz permaneció visible durante varios segundos, dejando un rastro luminoso que despertó asombro y miedo en quienes lo presenciaron. La Policía recibió múltiples llamadas consultando por el origen de ese destello inusual en el cielo.
Es un ave, es un avión, es Superman. No, es un bólido
Expertos explicaron que se trató de un bólido, un meteoro de gran tamaño que se fragmenta al ingresar a la atmósfera. Estos cuerpos celestes suelen desintegrarse antes de tocar la superficie terrestre, generando una luminosidad intensa y, en ocasiones, un ruido fuerte. Esta explicación científica contrastó con las especulaciones en redes sociales, donde algunos usuarios consideraron que podría tratarse de basura espacial o una estrella fugaz.
Uno de los testigos, presente en una ultramaratón en la avenida Luro de Bahía Blanca, relató: “Vimos un destello similar al de una bengala y luego quedó la estela”. En los videos compartidos en redes sociales se escuchan expresiones de sorpresa y temor, mientras algunas personas intentaban alertar a sus familiares para que observaran el fenómeno.
La licenciada en Astronomía Cecilia Valenti aportó una mirada sobre la preocupación creciente que genera la basura espacial. Señaló que “de los cientos de miles de objetos que orbitan la Tierra, se estima que entre 7000 y 13.000 están operativos y pueden ser maniobrados para evitar colisiones. El resto, un alarmante 94%, es basura espacial: satélites fuera de servicio, restos de cohetes, fragmentos de colisiones y otros desechos creados por el ser humano que permanecen a la deriva”.
Valenti explicó que aunque la mayoría de estos desechos se desintegran al reingresar a la atmósfera a unos 200 kilómetros de altura, algunos permanecen en órbita durante períodos prolongados y representan un peligro latente para futuras misiones espaciales. Además, advirtió que “si bien el riesgo de que un desecho espacial dañe a una persona es bajo, actualmente dicha posibilidad está en aumento”. Por este motivo, enfatizó que “es crucial gestionar el tráfico espacial, para asegurar que el espacio siga siendo un recurso accesible y seguro para todos”.