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Miércoles 11 de Febrero, Neuquén, Argentina
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El cura que hizo cumbre en el Domuyo: un ascenso cargado de fe y agradecimiento al norte neuquino

El sacerdote , referente pastoral del departamento Minas, alcanzó la cumbre del volcán —el punto más alto de la Patagonia— en una travesía que vivió como gesto de gratitud y despedida tras más de una década en Neuquén.

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“Cada paso tenía un nombre”: el padre Canale (a la derecha en la foto) llegó a la cima del Domuyo y conmovió al norte neuquino.

El ascenso al volcán Domuyo, la cumbre más alta de la Patagonia, tuvo en los últimos días un protagonista especial: el padre Diego María Canale, un religioso profundamente vinculado al norte neuquino y especialmente al departamento Minas, donde durante años desarrolló su tarea pastoral y construyó un fuerte lazo con la comunidad.

La travesía no fue una expedición más. Para el sacerdote, que lleva más de una década de vida y servicio en la provincia, alcanzar la cumbre del “Techo de la Patagonia” se transformó en un gesto simbólico de gratitud y despedida de una etapa marcada por el encuentro con comunidades del interior neuquino.

La invitación surgió de otro sacerdote de la región, el padre Marco, quien lo acompañó durante la preparación y el ascenso. Durante un mes y medio entrenaron y organizaron la travesía que finalmente se concretó en el área natural protegida Domuyo, en el departamento Minas, un territorio que el propio Canale considera central en su camino personal y espiritual.

Con un rosario en la mano y el recuerdo de las comunidades del interior, el ascenso se transformó en un símbolo de fe y del vínculo construido con el norte neuquino antes de su nueva etapa en Buenos Aires.

A partir de marzo, Canale continuará su camino pastoral en Buenos Aires. El 22 de ese mes, el Arzobispo de Buenos Aires Jorge Ignacio García Cuerva lo pondrá en funciones en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en ciudad Oculta, Mataderos.

Subió al “techo de la Patagonia” con un rosario y los nombres de su gente.

El grupo, integrado por más de 50 personas entre guías, prestadores turísticos y participantes, inició el recorrido en condiciones climáticas exigentes. Con nieve en el camino y temperaturas bajas, la marcha comenzó de madrugada. A las tres de la mañana, en plena oscuridad, el sacerdote emprendió el tramo final con un rosario en la mano y una lista de nombres en el corazón: vecinos, familias y comunidades que marcaron sus años en Neuquén.

El ascenso fue también una experiencia colectiva. Empresas y guías de la región coordinaron la logística en un trabajo conjunto que permitió abrir camino en zonas nevadas y garantizar la seguridad del grupo. El uso de domos de altura y la planificación previa resultaron claves para concretar la cumbre.

Para Canale, llegar al punto más alto del Domuyo no fue solo un desafío físico. Lo vivió como una acción de gracias por los 15 años en la provincia y, especialmente, por la década que pasó en el departamento Minas, donde se convirtió en una figura muy cercana a la comunidad. En su relato, destacó que cada paso del ascenso estuvo atravesado por recuerdos de personas y momentos compartidos en el interior neuquino.

La cumbre, finalmente alcanzada, se transformó en un momento de profunda emoción. Allí, el sacerdote dejó un mensaje en el cuaderno de registro de montañistas y compartió una reflexión con el grupo: más allá del logro, el verdadero sentido del ascenso estaba en el camino recorrido y en la fe que lo impulsó.

En enero de 2013, el padre Canale fijó su residencia en Neuquén. Fue designado párroco de Nuestra Señora de Andacollo. (Foto: Fundación Nínawa Daher, fotógrafo Alejandro Palacios).

Canale fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2009 por el entonces cardenal Jorge Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires. Durante sus primeros años de ministerio fue vicario parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria, en el barrio porteño de Floresta, y solía colaborar con el santuario de San Cayetano, en el barrio de Liniers. Pero su destino pastoral cambió cuando el actual Papa Francisco le envió una carta. 

En enero de 2013, el padre Canale fijó su residencia en Neuquén. Fue designado párroco de Nuestra Señora de Andacollo, con jurisdicción en el departamento de Minas. Lo llamaban el “Cura Brochero de Neuquén” porque anda montado en una mula, a veces a caballo y otras en una camioneta 4×4 para poder acceder a los lugares más inhóspitos.

Preocupado por la escasez de sacerdotes en la diócesis de Neuquén, luego de recibir una carta de monseñor Virginio Bressanelli, el cardenal Bergoglio escribió a todos los sacerdotes porteños pidiéndoles que mediten esta situación y consideren oportuno colaborar con esa diócesis patagónica. El Padre Canale fue uno de los que respondió al llamado y a partir de allí empezó a alternar su estadía entre la Capital Federal y la provincia de Neuquén.

La travesía, junto a vecinos y guías de la zona, se vivió como una experiencia espiritual y comunitaria.

En enero de 2013, el padre Canale fijó su residencia en Neuquén. Fue designado párroco de Nuestra Señora de Andacollo, con jurisdicción en el departamento de Minas. Lo llamaban el “Cura Brochero de Neuquén” porque anda montado en una mula, a veces a caballo y otras en una camioneta 4×4 para poder acceder a los lugares más inhóspitos.

La imagen del padre Diego Canale en la cima del Domuyo recorrió rápidamente las localidades del norte neuquino, donde su figura es ampliamente conocida. Para muchos vecinos, su ascenso fue interpretado como un gesto de agradecimiento y un símbolo del vínculo que mantiene con la región.

Canale fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2009 por el entonces cardenal Jorge Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires.

En una provincia donde la geografía marca la vida cotidiana y las distancias se miden en horas de ruta y caminos de montaña, la cumbre del Domuyo se convirtió esta vez en un punto de encuentro entre la fe, la comunidad y la historia personal de un sacerdote que dejó huella en el interior neuquino.

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