La Patagonia fue para Ernesto Sábato mucho más que un paisaje. Fue refugio, revelación y punto de inflexión creativo. A fines de los años ’50, cuando el escritor atravesaba un período de intensa introspección, el entorno natural del Parque Nacional Lanín le ofreció algo que Buenos Aires ya no podía darle: silencio, vastedad y una belleza capaz de modificar el ánimo y, con él, el destino de una obra literaria.
Allí, frente al lago Huechulafquen —ese espejo de agua que se ensancha como un mar al pie del volcán Lanín— Sábato terminó de escribir el final de "Sobre héroes y tumbas", la novela publicada en 1961 que lo consagró como un autor universal y que hoy es considerada una de las cumbres de la literatura argentina del siglo XX.
La relación entre Sábato y este territorio neuquino quedó documentada en una serie de cartas intercambiadas en 1968 con Carlos Lozada Acuña, quien fuera intendente del Parque Nacional Lanín entre 1959 y 1968. Esos escritos, que dan cuenta de una amistad y de una experiencia compartida, serán entregados oficialmente este viernes 23 de enero en el Centro de Visitantes del Parque, en el marco del Programa de Patrimonio Cultural – Memoria Oral del Parque Nacional Lanín. El acto contará con la presencia de las hijas de Lozada Acuña. A las 11 de la mañana se realizará la entrega formal de las cartas y un homenaje al escritor, mientras que a las 19 horas se desarrollará una instancia de testimonios que buscará reconstruir la dimensión humana, cultural y literaria de aquella estadía.
El lago que cambió un final
Sobre héroes y tumbas es una novela atravesada por los fantasmas personales de su autor y por los desgarramientos de la historia argentina: las guerras civiles del siglo XIX, la violencia política, los bombardeos de 1955, la descomposición moral de una sociedad en crisis. En ese universo oscuro, el viaje del protagonista, Martín del Castillo, hacia la Patagonia no es casual: representa una huida de la “ciudad maldita” de Buenos Aires y una búsqueda de sentido, acaso —como escribió el propio Sábato— una “absurda metafísica de la esperanza”.
Ese movimiento narrativo tuvo un correlato real. La estadía del escritor en la Seccional Epulafquen del Parque Nacional Lanín se extendió por más de un mes y resultó decisiva. La escritora sanmartinense Ana María de Mena, quien tuvo acceso a las cartas originales, confirmó que el contacto cotidiano con el paisaje influyó profundamente en el ánimo de Sábato y lo llevó a modificar el cierre de la novela.
En una de esas cartas, escrita a máquina con tinta roja y fechada en marzo de 1968, el autor dejó una frase que hoy es clave para entender ese proceso creativo: “Nunca supe si recibió el ejemplar de Héroes que le mandé apenas salió, tal como se lo prometí, ya que en el hermoso lugar de Huechulafquen escribí una de las partes decisivas del libro”.
No se trató, entonces, de una simple visita turística. Fue una experiencia vital que transformó la obra. La inmensidad del paisaje, la calma del entorno y el contacto con una naturaleza imponente actuaron como catalizadores de una decisión literaria fundamental.
Hospitalidad, amistad y memoria
Durante su estadía, Sábato se alojó junto a su esposa, Matilde Kusminsky Richter, en instalaciones del Parque Nacional Lanín. La hospitalidad brindada por Lozada Acuña fue recordada con afecto en la correspondencia posterior y dio origen a una relación que continuó con llamados telefónicos y encuentros en la casa que el escritor tenía en Santos Lugares, en la provincia de Buenos Aires.
Las cartas, preservadas durante décadas por la familia del ex intendente, no solo confirman el paso de Sábato por el Huechulafquen, sino que también aportan una dimensión íntima del escritor: su gratitud, su sensibilidad ante el entorno y su necesidad de compartir con otros el impacto que ese paisaje había tenido en su obra.
El escritor ya conocía la Patagonia. Años antes había frecuentado las termas de Copahue, atraído por sus propiedades terapéuticas. Incluso se recuerda una anécdota que lo muestra en una faceta descontracturada y humana, compartiendo los baños termales y respondiendo con ironía a quienes se sorprendían al verlo allí, lejos de la solemnidad que muchos asociaban a su figura pública.
Un legado que vuelve al territorio
La entrega de las cartas este viernes es un gesto de restitución simbólica: los documentos regresan al territorio que inspiró una de las páginas más memorables de la literatura nacional. En tiempos donde la memoria cultural suele diluirse, el Parque Nacional Lanín pone en valor su historia no solo natural, sino también intelectual y artística.
Más de sesenta años después de aquella estadía, el lago Huechulafquen sigue ahí, imperturbable, como testigo silencioso de un momento clave de la literatura argentina. Y el nombre de Ernesto Sábato vuelve a inscribirse en ese paisaje, recordando que, a veces, un libro también se escribe con montañas, agua y silencio