El río Limay estaba alto, marrón y traicionero. El calor del 7 de enero de 2025 apretaba fuerte en Balsa Las Perlas cuando Yesica Antelo Terraza, de apenas 7 años, gritó una frase que hoy resuena como un eco doloroso: “Si vos te vas, me voy con vos”. Su hermano Miguel forcejeaba con la corriente. Ella no dudó. Se lanzó para salvarlo. Él salió. Jesica no volvió a verse nunca más.
Este miércoles se cumple un año de su desaparición, un aniversario marcado por el silencio del agua y una pregunta que todavía no tiene respuesta. ¿Se la llevó el río o alguien se la llevó del río?
El instante que lo cambió todo. Esa tarde, Yesica y su hermano habían ido solos a la vera del Limay, junto al perro de la familia. No era un lugar habilitado para bañarse, pero era conocido, cercano al puente, frente a Valentina Sur. Un sector profundo -hasta ocho metros-, con fuerte correntada y vegetación subacuática. Un instante bastó para que la tragedia se impusiera.
Miguel logró salir del agua. Intentó ayudarla. No pudo. Minutos después, a las 19.35, la familia dio aviso a la Policía. Desde ese momento, comenzó una de las búsquedas más intensas y extensas que recuerde la región.
La búsqueda: agua, tierra y fe
Durante días, y luego semanas, el río fue recorrido una y otra vez. Embarcaciones, buzos tácticos, canes entrenados, Prefectura Naval, Bomberos, Defensa Civil, policías de Río Negro y de Neuquén. Se rastrillaron kilómetros del Limay y del río Negro. Más de 700 millas náuticas navegadas sin resultados.
En la orilla, bajo un gazebo improvisado, la familia no se movía. Miraban el agua. Esperaban. Rezaban. La madre, Kathy, volvía todos los días. El padre, Miguel Ángel, repetía una certeza que se volvió refugio: “Yo creo que mi hija está viva”.
Cada día, Kathy volvía al río Limay como quien regresa a un lugar sagrado y doloroso al mismo tiempo. Se sentaba en la orilla, miraba el agua y esperaba. No buscaba solo un cuerpo: buscaba una señal, una respuesta, algo que rompa el silencio que el río le impuso desde aquel 7 de enero. “Mientras no sepa nada, yo voy a seguir viniendo”, repetía, convencida de que su presencia mantenía viva a su hija.
La madre de Yesica dice que el tiempo se volvió extraño desde la desaparición de su hija. Los días pasaban, pero la espera no avanzaba. A veces rezaba, otras dejaba que las lágrimas caigan sin disimulo. “Cada madre tiene la esperanza de encontrar con vida a su hijo, y yo tengo esa esperanza con Yesica”, decía aferrada a una fe frente al agua, incluso cuando todo alrededor parecía empujarla a la resignación.
Kathy cree que el río no le dio respuestas porque la verdad no está solo en el fondo del cauce. "Si ella estuviera acá, el río ya me la habría devuelto”, decía, convencida de que su hija estaba viva en algún lugar. Esperar en la orilla se volvió su forma de resistir al olvido y de decir, todos los días, que Jesica sigue siendo buscada.
Los especialistas decían que el río “debería haber devuelto el cuerpo”. Otros hablaban de ramas, raíces, remolinos. El río nunca respondió.
Una comunidad en vilo
Balsa Las Perlas quedó conmocionada. La escuela, los vecinos, organizaciones sociales y comunidades originarias acompañaron con cadenas de oración y gestos de apoyo. Jesica había participado pocos días antes en un intercambio intercultural mapuche. Quienes la conocieron la recuerdan alegre, curiosa, viva.
Pero el tiempo pasó. Las pistas nunca llegaron. Solo avisos que terminaban en la nada: bultos vistos desde la costa, sombras en el agua, falsas alarmas que reactivaban la esperanza y la volvían a romper.
La otra hipótesis: “Mi hija está viva”
Con el correr de los meses, una nueva línea se abrió y cambió el eje del dolor. La madre empezó a recibir mensajes extraños. Escrituras similares a las de su hija. Errores, símbolos, formas de escribir que, asegura, solo Jesica tenía. Nadie conocía su número. Nadie pudo explicarlo.
La hipótesis de un posible secuestro llegó a la Justicia Federal. El expediente sigue abierto. Hay una cuenta de redes sociales creada en los días posteriores a la desaparición. Demoras. Silencios. Nada concluyente, pero tampoco nada descartado.
Mientras la investigación provincial sostiene la hipótesis del ahogamiento, la familia no baja los brazos. “Yo siento que la encontraron y se la llevaron”, dice Katty. Lo dice como madre. Como intuición. Como último ancla.
Mirá la entrevista exclusiva a la mamá de Yesica Antelo: "Cada madre tiene la esperanza de encontrar con vida a su hijo"
Un año después
Hoy, a doce meses de aquel grito en el río, Yesica Antelo sigue desaparecida. No hay cuerpo. No hay cierre. Solo una familia que vuelve al Limay, que prende velas, que pregunta, que insiste.
El río sigue corriendo. La historia no terminó. Y la duda, como el agua, todavía arrastra todo a su paso.
Mirá la entrevista exclusiva al papá de Yesica: