Una mujer de 40 años fue descubierta cuando intentaba ingresar cocaína, marihuana y casi 40 pastillas al Establecimiento de Ejecución Penal 2 de General Roca. La droga estaba oculta entre sus pertenencias y fue detectada en plena requisa, segundos antes de que avanzara hacia un encuentro íntimo con un preso. Intervino la fiscalía federal que abrió una causa federal por infracción a la Ley 23.737.
No era una visita cualquiera. Era mediodía y el movimiento en el sector de requisas femeninas era el habitual: bolsos, documentos, miradas nerviosas. Pero esta vez hubo algo que no cerró. Un gesto forzado. Una incomodidad que saltaba a la vista. Entonces el control dejó de ser rutina y pasó a ser lupa.
Y ahí apareció todo.
Cinco envoltorios con cocaína, cuatro gramos en total, perfectamente acondicionados. Un paquete con diez gramos de marihuana. Y, como si fuera poco, 38 pastillas de distintos colores listas para entrar a circular dentro de los pabellones. No era un descuido. No era una imprudencia menor. Era droga lista para cruzar la última puerta.
Pero el dato que sacude es otro: la mujer iba a una visita sexual con un preso. Es decir, la maniobra no solo implicaba atravesar controles con estupefacientes, sino además introducirlos en un espacio donde el contacto físico es parte del escenario. Una jugada de altísimo riesgo. Porque si pasaba, la droga no iba a tardar en encontrar destino.
En consecuencia, se dio intervención inmediata a la fiscal federal , quien ordenó el secuestro de todas las sustancias y el inicio de actuaciones judiciales. Ahora se intentará determinar si la mujer actuó sola o si detrás había algo más organizado. Además, el interno recibirá sanciones con respecto a sus visitas.
Tras el hallazgo, fue convocada la División Toxicomanía, que trabajó sobre los elementos incautados para garantizar las pericias. Las pastillas serán analizadas para establecer su composición. Porque 38 comprimidos de origen incierto dentro de un penal no son un detalle: pueden convertirse en moneda de cambio, en deuda, en violencia.
Cuatro gramos de cocaína pueden parecer poco en la calle. Pero tras los muros, cada gramo se multiplica en conflicto. Cada pastilla es poder. Cada envoltorio puede desatar tensiones silenciosas que después estallan.