La futura planta de fraccionamiento en tierra del proyecto Argentina GNL se convertirá en la más grande de la Argentina y marcará un punto de inflexión en el desarrollo industrial de Río Negro: procesará hasta 15.000 toneladas diarias de líquidos y gases asociados que llegarán desde Neuquén por un poliducto de 22 pulgadas, triplicando la capacidad actual del país y permitiendo que el valor agregado quede en territorio rionegrino.
Pero detrás de ese dato técnico hay una definición política y económica que no pasa desapercibida. Porque no se trata solamente de exportar gas licuado al mundo. Se trata, según el discurso oficial, de dejar atrás el viejo esquema extractivo y comenzar a industrializar en origen. Es decir, que la riqueza no pase de largo.
La planta recibirá los líquidos y gases asociados que viajarán en paralelo al gasoducto, desde Vaca Muerta hasta la costa atlántica. Y allí, en suelo rionegrino, se separarán propano, butano y gasolinas naturales. Productos que no son residuales ni secundarios: son insumos estratégicos de la petroquímica y la energía, con alto valor comercial.
Y aquí aparece uno de los datos más impactantes: el ducto tendrá una capacidad de transporte de 15.000 toneladas diarias, más del triple de la producción y transporte actual del país, una cifra que grafica la magnitud de la apuesta.
Además, la instalación en tierra es la pieza que consolida el esquema integral del proyecto Argentina GNL: gasoducto dedicado, poliducto y buques de licuefacción mar adentro. Sin embargo, es esta planta la que transforma el perfil productivo del Golfo San Matías. Porque ya no será solamente una salida marítima. Será un polo industrial.
“Río Negro no puede ser solo un lugar de paso. Nos toca una etapa siguiente”, afirmó el gobernador Alberto Weretilneck, dejando en claro que la discusión es más profunda que una obra puntual. El mensaje apunta a instalar la idea de que comienza un nuevo ciclo económico.
Por otra parte, hay un dato que entusiasma al oficialismo: la vida útil estimada del proyecto es de 30 años. Es decir, no se trata de una obra que se construye y se termina. La planta operará durante décadas, generando empleo directo e indirecto, logística, transporte, mantenimiento, seguros y servicios asociados.
“Este es el nuevo orden económico que comienza a construirse”, definió Weretilneck al referirse al rol que tendrán el gas, el petróleo y la minería como pilares exportadores. El proyecto Argentina GNL no solo promete exportaciones millonarias. Promete, al menos en el discurso oficial, industria en tierra rionegrina, valor agregado que queda en casa y un cambio estructural que podría redefinir el mapa productivo del Golfo San Matías.