Ese 18 de enero de 1817, antes del amanecer, miles de hombres empezaron a caminar hacia la cordillera de los Andes con el cuerpo ya cansado y el miedo todavía intacto. No había música, no había banderas, no había discursos. Había silencio. Y frío.
El plan era de José de San Martín. Pero el sacrificio era de otros.
Eran campesinos, esclavos liberados, peones rurales, jóvenes sin experiencia militar y padres que dejaban hijos sin saber si volverían a verlos. Muchos no tenían botas. Algunos caminaban con los pies envueltos en trapos. La mayoría no conocía la nieve. Ninguno estaba preparado para lo que venía.
La cordillera no esperaba a nadie.
El frío mordía la piel hasta volverla inútil. El viento cortaba la respiración. El hambre era constante. Las raciones se achicaban cada día. Los animales caían por el agotamiento y, cuando ya no podían levantarse, se los dejaba atrás. Con los hombres pasaba algo parecido.
Algunos se quedaban sentados en la nieve. Otros simplemente no se levantaban más.
No hubo cruces ni tumbas. Solo cuerpos perdidos en la montaña.
Cada paso dolía. Cada noche era una prueba. El miedo no era morir: era morir ahí, lejos de todo, sin nombre y sin despedida. Nadie sabía cuántos quedarían en el camino. Nadie podía darse vuelta.
Avanzar era la única opción.
El Cruce de los Andes no fue heroico. Fue brutal. Fue una marcha donde el cuerpo se quebraba antes que la voluntad. Donde la libertad se pagó con dedos congelados, pulmones rotos y vidas anónimas.
Cuando finalmente apareció el otro lado de la cordillera, no hubo festejos. Había hombres vacíos, flacos, callados. Había ausencias que ya no se contaban.
Ese 18 de enero no empezó una victoria.
Empezó una caminata donde muchos sabían que no iban a llegar.
Y aun así caminaron.
Porque la historia argentina no se escribió solo con decisiones brillantes.
Se escribió con hombres que tuvieron frío, hambre y miedo…
y siguieron igual.
Aunque la fecha más difundida señala al 18 de enero de 1817 como el inicio del Cruce de los Andes, algunos historiadores sostienen que la marcha comenzó en realidad el día 17, cuando las primeras columnas del Ejército Libertador empezaron a moverse desde distintos puntos de Mendoza.