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Martes 20 de Enero, Neuquén, Argentina
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Eduardo Blanco y el ritual secreto antes de cada función: “Dejo la realidad en la puerta del camarín”

El reconocido actor argentino habló con Mejor Informado sobre el rito íntimo que antecede a cada función teatral, la intensidad del proceso creativo y por qué ninguna noche sobre el escenario es igual a la anterior. “El teatro es un hecho vivo”, aseguró.

Martes, 20 de enero de 2026 a las 14:34
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“Así como en la vida pasan cosas distintas todos los días, en el escenario también”, expresó el actor.

Para Eduardo Blanco, el teatro empieza mucho antes de que se levante el telón. No comienza con el aplauso ni con la primera línea del texto, sino en un espacio silencioso, personal y casi sagrado: el camarín. Allí, lejos del público, el actor inicia un ritual que se repite función tras función y que le permite dejar atrás la vida cotidiana para convertirse en otro.

“Siempre digo lo mismo: yo hago esto independientemente de la obra que esté haciendo o de la historia que esté contando”, explicó Blanco en diálogo con Mejor Informado. Y agregó: “Cuando el tiempo me lo permite, trato de llegar al menos una hora y media antes al camarín”.

Ese tiempo no es casual. Es parte esencial del trabajo actoral. “Ahí empiezo a desprenderme de quien soy para convertirme en otro. Me voy dejando la realidad afuera, en la puerta, y me voy ‘disfrazando’ del cuento que voy a contar, del personaje que voy a interpretar. Es como un rito”, describió.

Si bien ese ritual se activa con mayor fuerza al llegar al teatro, Blanco explicó que el verdadero proceso de inmersión ocurre durante los ensayos. “Ahí sí la obra te acompaña las 24 horas. Te asalta todo el tiempo”, confesó.

Blanco con Mejor Informado. El actor fue contundente al definir qué hace único al teatro: su carácter irrepetible. “Absolutamente. El teatro es un hecho en vivo”.

Según el actor, esa intensidad es una característica común del oficio. “Los actores somos bastante intensos con eso, a veces incomprensibles para el resto de la gente”, dijo entre risas. Durante los ensayos —y también después de algunas funciones— las frases del texto empiezan a filtrarse en la vida diaria.

“De pronto aparecen frases de la obra que encajan en situaciones reales y las usamos entre nosotros. Entre actores puede resultar divertido, pero la gente de afuera no entiende de qué estamos hablando”, explicó.

Ese cruce permanente entre ficción y realidad forma parte del descubrimiento. “Estamos inmersos en encontrar cosas de esa nueva historia y de esos personajes que vamos a contar. Incluso pueden aparecer imágenes de la obra a la noche”, señaló. Con el paso del tiempo y cuando el espectáculo ya está aceitado, la intensidad baja: “Volvés más a tu vida cotidiana y solo entrás nuevamente en ese mundo cuando llegás al teatro”.

 

Ninguna función es igual a otra

Blanco fue contundente al definir qué hace único al teatro: su carácter irrepetible. “Absolutamente. El teatro es un hecho en vivo”, afirmó cuando se le preguntó si cada función se vive de manera distinta.

Y explicó por qué: “No todos los días estás igual, ni vos ni tus compañeros. Pueden pasar mil cosas: que se corte la luz, que alguien se olvide una letra, un tropiezo, un problema técnico”.

Frente a ese escenario siempre cambiante, la concentración se vuelve fundamental. “Es la misma historia, pero las circunstancias cambian y eso te modifica. Yo intento trabajar siempre con lo que sucede en ese momento”, reflexionó.

Para Blanco, esa imprevisibilidad es también un reflejo de la vida misma. “Así como en la vida pasan cosas distintas todos los días, en el escenario también”, concluyó.

Una definición simple y profunda que resume su mirada sobre el teatro: un arte vivo, frágil y humano, que se construye cada noche desde cero.

 

Mirá la entrevista a Eduardo Blanco:

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