Dante Ortega, nieto de Palito Ortega y figura emergente en la música y actuación argentina, se abrió con sinceridad sobre una etapa difícil de su vida marcada por la confusión y el rechazo interno a su orientación sexual. En diversas entrevistas, el joven artista relató cómo durante su adolescencia llegó a pedirle a Dios que cambiara su identidad: “Le pedía a Dios que me cambiara”, confesó con crudeza.
Este testimonio revela la presión emocional que Dante enfrentó en un entorno donde sentía que ser diferente lo exponía a críticas y aislamiento. Recordó el bullying que padeció desde pequeño y cómo esa soledad lo llevó a experimentar culpa y miedo al rechazo, dificultando su proceso de autoaceptación. “Me sentía muy solo”, rememoró, evidenciando el impacto que tuvo en su crecimiento personal.
Dante y el peso de ser un Ortega
En paralelo, Dante habló sobre su relación con su familia, en especial con su padre, Sebastián Ortega. A pesar de compartir el mismo ámbito artístico, el vínculo laboral no fue fácil: “Mi papá no quiso trabajar conmigo”, reveló. Sin embargo, lejos de resentirse, entendió que debía forjar su carrera sin apoyos familiares para consolidar su identidad profesional. “No lo necesito para ser quien quiero ser”, afirmó, subrayando su independencia y la complejidad de pertenecer a una familia tan reconocida, que si bien abre puertas, también genera prejuicios.
Además, el artista destacó que su generación busca construir su propia identidad, desligándose de las expectativas impuestas por el legado familiar. Reconoció que la autocrítica y la exigencia personal marcaron sus primeros pasos, pero hoy está en un proceso de aprendizaje para manejar esa presión. “Me exigí demasiado”, admitió con honestidad.
Por último, Dante resaltó el papel central que la música juega en su vida como un canal para expresar emociones y pensamientos que a veces no logra comunicar verbalmente. Su testimonio no solo refleja un camino de aceptación personal sino también la búsqueda de autenticidad en su carrera y en su vida familiar.