La historia de María Sol Nardozza con el violín empezó casi por casualidad, aunque hoy —después de casi cuatro décadas de música— ella está convencida de que fue destino. Concertino y primera violinista de la Orquesta Sinfónica del Neuquén, la música abrió su recorrido personal y artístico en una entrevista con el programa Entretiempo por AM550, donde habló de sus comienzos, su formación, el significado de integrar una orquesta y el profundo vínculo emocional que la une con su instrumento.
“El violín es parte de mi cuerpo”, resume con naturalidad quien lleva toda una vida dedicada a la música.
La escena parece salida de una película. Tenía apenas ocho años y acompañaba a su padre —fanático de la música y del club Huracán— a buscar a un amigo antes de ir a la cancha. Ese amigo era luthier, constructor artesanal de violines. Mientras los adultos conversaban, algo ocurrió. “Tomé un violín y lo puse automáticamente en la posición correcta, cuando nunca había visto uno”, recordó. La reacción fue inmediata: el luthier le dijo a su padre que debía estudiar el instrumento.
Así comenzó un camino que nunca abandonaría. “Empecé a los nueve años y tengo 47. Mi vida fue el violín”, contó.
La música ya estaba presente en su hogar: su padre tocaba el piano y escuchaba música clásica, aunque nunca imaginó que sus hijas terminarían dedicándose profesionalmente a ella. “Para mi papá era la gloria tenernos a las dos en la música”, dijo en referencia también a su hermana Clara, actual guía de violas de la Orquesta Sinfónica del Neuquén.
Formación y vocación absoluta
Nardozza se formó en Buenos Aires, primero en el Conservatorio de Morón y luego en el Conservatorio Nacional, bajo la enseñanza de Edgardo Cataruzzi, suplente concertino de la Filarmónica de Buenos Aires. Desde entonces, su vínculo con el instrumento fue total. “Muchas veces me preguntan si me molesta físicamente tocar tanto, pero no. El violín es parte de mí”, aseguró.
Esa relación íntima se refleja también en el escenario, donde describe una experiencia casi introspectiva. “Cuando toco me aíslo totalmente. No hay público ni personas: soy yo, el instrumento y la música. Estoy escuchando a toda la orquesta, pero profundamente concentrada”.
Qué significa ser concertino
Dentro de una orquesta sinfónica, el concertino ocupa un rol central. Es el primer violín y el nexo directo entre el director y los músicos. “Soy la mano derecha del director, la jefa de las cuerdas. Unifico el criterio técnico para que todo suene uniforme y ayudo en lo que él no puede ver desde el podio”, explicó.
Actualmente lidera una fila de ocho primeros violines, mientras que otros siete integran la sección de segundos violines, encargados de las líneas más graves que acompañan la melodía principal. Pero más allá de lo técnico, Nardozza destaca el trabajo colectivo. “La orquesta me hizo crecer y yo hice crecer a la orquesta. Fue algo mutuo”.
El amor inesperado por Neuquén
Su llegada a la provincia también fue, en principio, temporal. El director Naldo Labrín la convocó cuando se estaba creando la Orquesta Sinfónica del Neuquén. Ella ya era concertino en una orquesta universitaria en Buenos Aires y dudó antes de aceptar. “Dije: voy unos meses y vuelvo”, recordó entre risas. Llegó el 3 de marzo de 2001. Nunca se fue.
“Me enamoré totalmente de Neuquén. Me atrapó como a todos los que llegamos acá”. Desde entonces, su vida personal y artística quedó ligada a la provincia y al crecimiento de una orquesta que también maduró con el tiempo.
Romper el mito de la música clásica
Para la violinista, uno de los mayores logros de la Sinfónica fue derribar la idea de que la música clásica pertenece a una élite. “Eso no es cierto. Hemos tocado en hospitales, hogares y pueblos del interior. Una vez en Las Ovejas la gente llegó a caballo al concierto. Estacionaron los caballos en la puerta del gimnasio”, recordó.
Esa cercanía con el público transformó también la mirada de los propios músicos. “No hay nada que me haga más feliz que tocar para la gente común y que alguien me reconozca en un supermercado y me diga: ‘vos sos el primer violín de la orquesta’”.
Nardozza asegura que el verdadero sentido de la música ocurre cuando se genera conexión emocional. “El violín es muy sensible. A mí me emociona tocar y cuando veo a alguien emocionarse en el público, no hay nada que dé más placer. Es una conexión entre el músico y la gente”.
Una orquesta joven con identidad propia
Después de más de dos décadas en la provincia, Nardozza observa con orgullo la evolución del proyecto musical. “Es una orquesta muy joven. Muchos empezamos siendo muy chicos y crecimos juntos”. Y en ese crecimiento colectivo encuentra el verdadero sentido de su carrera: hacer que la música deje de ser distante y se convierta en una experiencia cercana.
Porque, como repite, cada vez que levanta el arco frente al público, la música vuelve a empezar desde el mismo lugar donde nació su historia: la emoción
Apertura de temporada en el Cine Teatro Español
La Orquesta Sinfónica del Neuquén inaugurará su temporada 2026 con dos conciertos que se realizarán el viernes 27 y sábado 28 de febrero a las 21 en el Cine Teatro Español, bajo la dirección del maestro Andrés Tolcachir. El programa recorrerá distintas expresiones del repertorio sinfónico europeo e incluirá: Pavana para una infanta difunta, de Maurice Ravel, Obertura de El cazador furtivo, de Carl Maria von Weber y Sinfonía Nº 7, de Antonín Dvořák
“Va a ser un programa muy expresivo, con obras muy sentidas”, adelantó la concertino.
El concierto del viernes contará además con transmisión en vivo de Radio y Televisión del Neuquén (RTN), permitiendo que el inicio de temporada llegue a toda la provincia.
Las entradas se encuentran disponibles en la boletería del teatro, ubicado en Avenida Argentina 235, con valores de $15.000 la general y $12.000 para jubilados.
Mirá la entrevista a María Sol Nardozza: