Nido blando

Residencia en El Cabo

El Cabo es pueblo rescatado de las ruinas, es rincón olvidado y es escenario de arte patagónico.
miércoles, 10 de abril de 2019 · 09:41

Por Carla Barbuto


Las palabras circulan, se leen, se repiten, se recuerdan.
Hace unos años, las palabras de María Marta Martínez nos permitieron conocer El Cabo y, cuando supimos que se estaba llevando a cabo una residencia en ese lugar que es nada y es todo, sentimos que la Patagonia nos regalaba una excusa para que las palabras siguieran iluminando andares.
Algo parecido debe haber sentido Nilda Rosemberg, artista y docente, cuando Eliane (Fernández) le habló por primera vez de Cabo Raso, cuando le contó cómo su familia había resucitado el pueblo en ruinas, cómo ese rincón olvidado de la Patagonia los había elegido y cómo se había convertido en hogar y misión al mismo tiempo. “Cuando me cuenta del lugar y veo unas imágenes, inmediatamente creí que era el espacio ideal para hacer una residencia”, recuerda Nilda refiriéndose a una charla de hace cuatro años.
Pasó el tiempo y la oportunidad de la residencia llegó en marzo de este año en el marco de la muestra itinerante “Espacios en red”, que moviliza la galería de arte Distrito 1, de Trelew. Así, El Cabo, la galería y Nilda fueron los tres protagonistas de una historia que merece ser contada.



Cabo Residir Raso
Sabemos que la residencias artísticas son experiencias intensas y nos imaginamos que transitar esos momentos en un espacio tan ausente como El Cabo debió intensificar las sensaciones aún más.
Quizá Nilda entendió desde el primer momento que ese rincón del mundo sería un participante más de la experiencia. “Para esta ocasión, ideé que fuera una residencia que tenga que ver con el proceso de trabajo y para que cada artista pensara su práctica con el paisaje, que es algo que suele suceder en las residencias”, nos cuenta.
“Sucedió estupendamente en Cabo Raso porque el lugar tiene condiciones maravillosas y tiene toda la energía y la memoria de la gente que estuvo trabajando allí. Es muy interesante. Al estar ahí, activas preguntas que también tienen que ver con la memoria del espacio”, continúa Nilda y así nos revela poco a poco el espíritu de residir en El Cabo. “Tenemos tres componentes: la geografía, que es tan maravillosa; la memoria de Cabo Raso y, como no hay conexión a Internet, dejás las interferencias de lo cotidiano y pones los pies en el lugar”.


Esta desconexión-conexión permitió a los artistas -provenientes de Trelew, Bahía Blanca y Río Colorado- generar una percepción del trabajo de cada uno, de ellos mismos y del paisaje. “Trabajamos en dos aspectos: desde la percepción, para que toda la información que tenemos en la cabeza se corra a un lado para activar sentidos; y con los deseos y necesidades que tienen que ver con nosotros y no con el consumo del arte. Para encontrarnos con esas preguntas dentro de nosotros necesitamos un poco de silencio y mucho valor”.


La charla va llegando a su fin y los invitamos a quedarse con el registro fotográfico de un  puñado de artistas repensándo-se en un lugar, que es nada y es todo.





 

 

 

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