Nido Blando

Un laberinto que conmueve, un arte que salva

Por estos días somos testigos de una obra artística en progreso que se exhibe descarnadamente en las redes sociales. Los invitamos a seguir #PeregrinaDeLaberintos, de la hermosa Marianela Tisberger.
miércoles, 15 de mayo de 2019 · 09:03

Por Carla Barbuto
Fotos de Javier Lavena

Se lo dijimos, nos emociona respirar el mismo aire que Marianela. En una charla intimista, nos contó qué laberintos peregrina y transforma en arte, cómo su quehacer creativo la salvó de una vida desquiciada y  nos confesó que no encuentra la salida de su laberinto presente.
Esta vez, los invitamos a dejarse llevar al laberinto de arte de Marianela sosteniendo la punta del ovillo como Teseo para no caer en las garras del Minotauro.

 

“Peregrina de laberintos”. El nombre del proyecto abarca dos palabras hermosas y con una carga muy fuerte. ¿Por qué las elegiste?
Mi y familia y yo tenemos mucho de nómades. El nómade es básicamente un caminante y la noción de peregrino suma al caminante un sentido espiritual, de mito sagrado. En el arte soy una peregrina (se detiene y agrega) y en la vida también.
Y “laberinto”... (suspira, busca las palabras) El laberinto está considerado como un recorrido de entrada y salida a uno mismo. Puede ser para perderse pero, en general, es iniciático. El laberinto más antiguo que se conoce es el del Minotauro, allí Ariadna le da a Teseo un hilo para que él pueda entrar y encuentre la salida.
Trabajo con mi vida personal y me fue dada la punta del ovillo para que pueda recorrer mi laberinto y siempre encontrar el retorno. El laberinto lo recorro sola.

"Agradezco poder servirme del arte, de otro modo mi vida sería un desquicio"

 

¿Podés elegir donde peregrinar? ¿Elegís tus laberintos? ¿O no?
Siempre uno elige, aunque muchas veces parezca que el infortunio te pone en cierto lugar. Uno siempre elige.



En la serie, sos paisaje, te perdés en el paisaje. ¿Es algo que buscaste o se dio?
La intención es generar esta cosa en la que no hay figura y fondo, no es como en una pintura renacentista. Es una pretensión ser parte de esos lugares, generar una integración. Fijate que los lugares son muy poderosos energéticamente. Yo vivo esa integración. Cuando la gente habla de la naturaleza como algo diferente al hombre, me provoca extrañeza porque somos todos uno.  


Es un work in progress, ¿cuánto más vas a peregrinar por estos laberintos?
No lo sé. Permanentemente entro en mis laberintos. En general, entro y salgo con bastante facilidad; tengo una inteligencia emocional que me da astucia para moverme en el laberinto y fuerza de voluntad para salir. Pero esta vez, (se detiene una vez más), empecé a escribir y hacer obra porque no encuentro la salida. Por algo fuerte estoy en este laberinto y yo me entrego, voy caminando y escribiendo lo que veo, lo que siento, lo que aprendo.
Hago obra de un estado poco cómodo, y ese es mi modo de salvarme. No sé cuando termina, no me preocupa, es perfecto como está siendo.
Le damos tanta jerarquía a los estados de tranquilidad y de alegría que tratamos de tapar y huir de los estados que son su contrapartida… Pero conocemos por contrapartida, conocemos la plenitud y la alegría porque conocemos también su contracara. No me resulta vergonzoso ni quiero acelerar el reloj de arena para salir de este laberinto. Agradezco poder servirme del arte, de otro modo mi vida sería un desquicio.

 

Marianela se despide contándonos que está disfrutando de las hojas secas del otoño en El Valle, que escucha cantar a tordos y que el solcito la acoge. Nosotros la sabemos parte de ese cuadro.
Quedará ella pensando en su próxima forma de transitar laberintos y nosotros, emocionados por cómo el arte salva, rescata e ilumina caminos difíciles.
 

 

 

 

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