En los últimos años, Neuquén se consolidó como una de las provincias más activas del país. Cada vez más personas salen a correr, pedalean, practican trekking, nadan o se suman a entrenamientos intensivos en gimnasios. Sin embargo, detrás de este cambio cultural aparece un desafío silencioso pero clave: la necesidad de acompañar la actividad física con una alimentación adecuada.
Datos recientes indican que el 56,8% de la población neuquina realiza actividad física de manera regular, un porcentaje que se ubica por encima del promedio nacional. Running, ciclismo, canotaje, natación y actividades indoor como entrenamiento funcional o CrossFit forman parte de la rutina de miles de personas que buscan mejorar su salud, su bienestar o su estado físico.
Sin embargo, especialistas advierten que muchas de estas personas sostienen rutinas de entrenamiento exigentes sin contar con una planificación nutricional acorde. Esto puede impactar directamente en el rendimiento deportivo, la recuperación muscular y la salud a mediano y largo plazo.
Belén Martínez, especialista en Nutrición Deportiva y directora de la Licenciatura en Nutrición de UFLO Universidad, explica que la alimentación deportiva debe ser siempre personalizada. “Para que una alimentación deportiva sea adecuada debe ser, primero que nada, individualizada. Tiene que contemplar el tiempo que la persona lleva entrenando, su experiencia previa, sus hábitos, su rutina laboral o académica y el contexto en el que vive”, señala.
Según la especialista, existe una idea extendida que puede resultar engañosa: creer que “comer sano” alcanza para acompañar cualquier nivel de actividad física. En la práctica, una dieta general equilibrada no siempre cubre las demandas metabólicas que genera el entrenamiento frecuente o de alta intensidad.
“Comer sano y comer para entrenar no son conceptos opuestos, pero sí implican ajustes específicos”, explica Martínez. “En personas que realizan actividad física regular o intensa aumenta la masa muscular y también la demanda metabólica. Por eso, la proporción de carbohidratos, que son el principal combustible para el músculo y el cerebro, debe planificarse en cantidad, tipo y momento de consumo”.
Cuando esa planificación no existe, el cuerpo puede entrar en déficit energético. Esto puede provocar fatiga persistente, recuperación más lenta, mayor riesgo de lesiones y hasta alteraciones hormonales.
La nutrición deportiva también pone el foco en la llamada seguridad alimentaria y nutricional, que no solo refiere al acceso a los alimentos sino a su calidad y a su adecuación según las necesidades de cada persona. En poblaciones activas, la malnutrición puede manifestarse de forma silenciosa mediante deficiencias de hierro, calcio o sodio, pérdida de masa muscular o una disminución del rendimiento sin causas aparentes.
Cómo influyen las condiciones geográficas y climáticas
El clima seco, el viento y los circuitos exigentes como la barda o los senderos de montaña generan mayores pérdidas de líquidos y electrolitos durante el ejercicio.
“El clima seco y ventoso puede generar la falsa sensación de que no se está sudando tanto, cuando en realidad existen pérdidas perceptibles e imperceptibles de líquidos”, advierte Martínez. “Con el sudor no solo se pierde agua, sino también electrolitos como sodio, potasio o magnesio”. En este contexto, la hidratación y la reposición de sales adquieren un rol clave, especialmente en entrenamientos prolongados o de alta intensidad.
El crecimiento de disciplinas indoor como el entrenamiento funcional o el CrossFit también plantea nuevos desafíos. Estas prácticas implican una alta demanda energética y requieren una recuperación adecuada para evitar sobrecargas musculares o tendinopatías. Ante este escenario, muchas personas recurren a suplementos sin asesoramiento profesional. Para los especialistas, esto suele ser un error.
“Los suplementos son la punta de una pirámide que necesita bases sólidas”, explica Martínez. “Primero debe existir una alimentación diaria adecuada en cantidad y calidad. Recién sobre esa base algunos suplementos con respaldo científico, como proteínas, creatina o bebidas con electrolitos, pueden ser un recurso válido”.
El crecimiento de la actividad física en Neuquén refleja un cambio positivo en los hábitos de la población. Sin embargo, el desafío ahora es transformar ese movimiento en bienestar real y sostenido. Porque correr, entrenar o pedalear cada vez más no alcanza por sí solo. Para que el ejercicio sea verdaderamente una herramienta de salud, también necesita estar acompañado por conocimiento, planificación y una nutrición acorde a las demandas del cuerpo.