Nido de la Tierra

Vivir en modo polar

Cuando tenía 22 años largó todo, se subió a un barco para trabajar y terminó en la Antártida. Desde ese entonces, su vida transcurre en “modo polar” y supo hacer del continente blanco, el lugar más extremo y acogedor en el cual vivir.
viernes, 07 de junio de 2019 · 17:40

Por María Marta Martinez

Mariano Curiel tiene 38 años. Vive en San Carlos de Bariloche. Estudiaba y trabajaba en Buenos Aires hasta que en 2003 largó todo y se subió a un barco que lo llevó a suelo antártico. Desde ese momento, su vida transcurre en el hielo: trabaja como guía turístico de expediciones polares de noviembre a marzo. En 2016 caminó de punta a punta Groenlandia (en lo que fue una de las expediciones más extremas del mundo), hace 2 años fundó la Asociación de Guías Polares (PTGA) junto a otros guías de EEUU, y Nueva Zelanda, colabora en varios comités en la International Association of Antarctic Tour Operators (IAATO), y desde 2010 trabaja en Antartica21, una empresa pionera de turismo polar y lleva hechos más de 200 viajes hasta la Antártida.

Mariano Curiel guía a turistas por lugares extremos.

¿Cómo llegaste al hielo?

Me subí a un barco que no pregunté a donde iba y salimos para el sur. Yo tenía experiencia en barcos desde chiquito porque vengo de una familia marinera, mi viejo es capitán, y yo de chico viajé mucho en barco por toda la costa atlántica argentina y el mar del Sur. Mis vacaciones normales podían ser un barco carguero. También hice viajes a Valdés de muy chico, campamentos a los que nos llevaba mi mamá, a mi hermana y a mí, lo cual desarrolló mi sentido de búsqueda en la naturaleza y la aventura. Cuando llegué a Ushuaia para mí era todo muy familiar, ya conocía la ciudad, el olor de los barcos, los códigos. Pero cuando llegué hasta la Antártida ahí sí era un mundo nuevo. Me encontré con el turismo de expedición que nunca me hubiera imaginado que existiera y me atrapó esa forma de encarar ese tipo de turismo. Toda la operación antártica se hace con gomones y yo era bueno en manejar botes en condiciones difíciles y eso me habilitó la carrera, fue mi puerta de entrada. Después me especialicé en naturaleza general y en historia, sobre todo. 

En el turismo de expedición toda la operación antártica se hace con gomones y en condiciones extremas. ​​​​​

¿Qué es el turismo polar o antártico?

El turismo antártico o polar tiene dos pilares. Por un lado, siempre tiene que tener un contenido educativo y por otro, no tiene que dejar rastros. Nosotros vamos, miramos, explicamos y hacemos que la gente entienda lo que es, para que cuando vuelvan a sus casas sean embajadores del medioambiente. Todas las empresas de turismo antártico forman una asociación a nivel mundial que se llama IAATO (Asociación de Operadores de Turismo Antártico). Todos los que hacemos turismo bajo la reglamentación de IAATO tenemos guías muy fuertes relacionadas con la protección del medioambiente, el cuidado y la educación sobre todo. No tenemos interacción con la fauna, la podemos ver pero si hay algún indicio de que estamos afectando su conducta, nos vamos. Eso también es parte de las reglamentaciones internacionales del turismo en Antártida. Por eso, todas las empresas, aunque seamos competencia, apuntamos a lo mismo. Es algo súper positivo porque el impacto es mínimo y realmente genera una conciencia inmensa en la gente. Después de ver la Antártida, la fauna, los glaciares, ese lugar tan inhóspito y puro, a todos les cambia la forma de entender el mundo. 

"Pisar la Antártida es muy fuerte, no es comparable con nada y no se puede explicar ni con fotos o videos", asegura Mariano.

¿Qué experimenta quien pisa por primera vez la Antártida?  

Yo tengo más de 200 viajes a Antártida pero todavía me acuerdo de los primeros. Llegar a Ushuaia, ya era el fin del mundo, y de ahí te subís a un barco (- porque en general ibas navegando aunque ahora también podes ir en avión – aclara) y llegás a una naturaleza distinta a lo que estás acostumbrado, porque no es un árbol, una selva o una flor. Ahí es hielo, con poca fauna, con rocas, vientos fuertes, muy extremo y te hace acordar de lo chiquito que sos. Es despojarte del mundo que conocés y llegar a un lugar que no está hecho para humanos. Hoy en día, conozco la península antártica mejor que a mi barrio pero siempre trato de encontrar ese sentimiento. Es muy fuerte, no es comparable con nada y no se puede explicar ni con fotos o videos. Es muy de conexión con el ambiente, con uno mismo.

Mariano es uno de los más reconocidos especialistas, a nivel mundial, en el modelo aero-crucero (fly & cruise) de viaje a la Antártida, volando gente desde puntos en Sudamérica para luego explorar la zona en barco.

¿Qué se ve en una expedición Antártica?

El clásico es salir de Ushuaia, Punta Arenas, Puerto Wilimas o de Malvinas, de Puerto Argentino. Y estás por lo menos 5 días en la Antártida, eso común a todos los operadores. El barco es tu casa, ahí dormís y comés. Y se va moviendo. Hacés desembarcos generalmente a la mañana y después otra vez a la tarde, para caminar o andar en bote. A veces también salimos después de la cena. Vemos atardeceres fantásticos. Tratamos de ver distintos tipos de pingüinos papúa, barbijo o adeliae que son los más comunes de la península antártica. También vemos distintos tipos de ballenas: jorobadas, minke, orcas, etc., y focas leopardo, por ejemplo, que tienen más fama, son más agresivas, tienen dientes enormes. Son unos bichos grandes como de 4 metros. Somos espectadores de lo que pasa en un día normal en Antártida.

Mriano segura que en el hielo, siempre hay que tener un "plan B" porque en 10 minutos puede formarse una tormenta con vientos de 100 km por hora. 

¿Cuáles son tus herramientas de trabajo?

Lo básico es el abrigo. Uso botas de goma con suela alta, para trabajo pesado. Luego una primera capa, y a veces una segunda depende del frío, de lana merino que no la cambio por nada. Después, uso un enterito de Gore-Tex y arriba de eso me pongo la campera de pumas. Y arriba de eso, la parka de Gore-Tex. A eso, le sumo antiparras, cuello, guantes, anteojos, crema solar y uso gorro con visera. En los bolsillos tengo el GPS, una soga de 5 metros y el silbato. Y de emergencia siempre agua, ropa por si me mojo y a veces llevo bastón o una sonda para la nieve y una soga más larga para rescate. Ah, y el pico de nieve lo tengo siempre a mano. Cuchillo, multitool y larga vistas, también son clave.

¿Quiénes eligen este tipo de viajes?

Aunque no es un turismo barato, ahora está un poco más de moda, entonces va gente de todo tipo. Pero depende de la empresa, dado que cada una tiene su nicho. Algunas venden más en Europa, otras en EEUU y China que está creciendo mucho como mercado. Pero, en lo que era el turismo antártico más clásico ahí los pasajeros eran pocos y era gente que realmente quería llegar a Antártida. Y los guías eran los investigadores o profesores de universidades que usaban sus vacaciones para trabajar. Ellos daban las charlas arriba del barco. Ahora, 20 años después, se está profesionalizando, hay guías polares, de expedición. Mi camada es la primera que empezó a tomarlo como un trabajo.

Desde Europa, China, EEUU llegan turistas atraídos por el paraíso antártico. 

¿Recordás a alguna personalidad destacada que haya ido a una de estas expediciones?

Bill Gates y su socio, Paul Allen, Tom Hanks. También viajaron varios premios Nobel. Cuando fue Metallica a tocar a la Antártida (2013) por una promoción de una marca de gaseosa, yo no estaba, pero una amiga me contó que estaban alucinados, no podían creer el trabajo que hacíamos nosotros porque tenían que meter al cantante de Metallica en un bote con olas de hasta 3 metros y vientos fuertes. Para nosotros es algo normal pero ellos estaban en otro mundo. 

En 2016 cruzaste Groenlandia en la que fue, una de las expediciones más extremas del planeta. De hecho, fuiste el primer argentino en hacerlo. Retrocediendo hasta ese recuerdo ¿qué te hace sentir haber concretado esa hazaña?  

En 2004 fui a Groenlandia por primera vez. Empecé a leer sobre las expediciones de allá, veía la capa de hielo y me tentaba pero me parecía algo lejísimo. Ya en 2014 me di cuenta que, trabajando como guía de expedición, tenía cierta capacitación y que el cruce ya no era para mí algo imposible. Además, en ese tiempo estaba haciendo expediciones parecidas pero más cortas, en la costa este de Groenlandia, que eran campamentos con trineos, de dos o tres semanas. Y bueno, mi amigo David, con quien cruzamos, me dijo que podíamos ir en mayo y arrancamos. Y estoy súper contento y orgulloso de mi. No tenía ni idea que iba a ser el primer argentino en hacerlo. Me enteré cuando volví. Era algo muy personal.

El Cruce de Groenlandia que completó mariano es una de las expediciones más extremas del mundo. 28 días sobre grampones y esquíes, más de 500 km de campos de hielo, temperaturas de hasta 40 bajo cero, vientos de 120 km por hora. Así, logró atravesar Groenlandia de oeste a este, arrastrando 90 kilos de peso en dos trineos y se convirtió en el primer argentino en cruzar ese desierto blanco.

Mariano en el cruce de Groenlandia.

Uno de los paisajes durante el cruce. 

Uno de los tantos campamentos en la travesía polar.

¿Qué cambió en vos luego de ese desafío de superación?

Creo que me dio muchísimo. El gran desafío de ese tipo de viajes polares es con uno mismo. Porque la técnica, a la semana la aprendiste, pero lo que se hace largo es la tolerancia hacían uno mismo. De a poco te vas a encontrar con tus propios demonios, tu cansancio, es todo contra vos. Es como un retiro espiritual súper profundo. Desarrollé más la paciencia, la forma de entender las cosas a mi alrededor, las personas, familiares, amigos, relaciones en el trabajo. Pero sobre todo, empecé a entender los tiempos de otra forma. La noción del tiempo cambió para mí después de ese viaje.

Paso por un estación abandonada, durante la travesía en Groenlandia.  

¿Cuál es la máxima sobre el hielo?

Confiar en quien tenemos al lado, el trabajo en equipo, y siempre tiene que haber un plan B. Esas son las dos claves del trabajo polar porque algo puede pasar y,en el hielo cuando algo pasa, pasa muy rápido. Puede ser un día hermoso y en 10 minutos cambia a una tormenta con vientos de 100 km por hora. Nunca nos relajamos, tenemos que estar preparados y siempre planificamos todo.

"Confiar en quien tenemos al lado, el trabajo en equipo" una de las claves del trabajo polar.

Llevás casi 20 años en el Polo Sur. ¿Qué es lo más maravilloso que viste en el hielo?

Muchas cosas. Todo es maravilloso. Los desafíos de este trabajo, las tormentas, el hielo, viví muchas cosas pero tengo muy buenas experiencias con fauna. Llega un punto que se genera conexión con los animales. Estás haciendo una avistaje, el bote apagado, está flotando, y la ballena pasa por a lado y ves su ojo grandote que te mira a los ojos. La primera vez que me pasó quedé como volando un par de días. Yo sentí algo especial. O en el norte, con un oso polar que me estaba mirando fijo, que más que conexión yo sentía que era su hamburguesa (risas). Me sentí comida, una presa.

Este es el oso polar con el que Mariano tuvo un encuentro cercano.

¿Cómo y dónde te imaginás en 20 años?

Me imagino donde estoy ahora, en Bariloche, rodeado de las mismas personas y ojalá haciendo expediciones divertidas, por lo menos una vez por año.

En invierno y hasta octubre o noviembre, la Antártida se vuelve un lugar sombrío e inhabitable. Todo se torna oscuro, la fauna emigra hacia lugares menos hostiles y el mar que rodea la península se congela, duplicando su tamaño. En esos meses, la puerta del hielo se cierra y se abre otra, la vida en Bariloche.

Mariano junto a la guía antártica Loli Fogueroa, su mujer.

Cuando no está en el hielo, Mariano vive junto a su mujer Loli Figueroa, también guía polar y de las buenas (llegó al Polo Norte en un rompehielos ruso). Siempre les gustó el deporte y la aventura y pasaban 10 meses al año embarcados yendo de la Antártida al Ártico. Desde que llegó su primer hijo (hace dos años), su estilo de vida tuvo que cambiar un poco. Durante el invierno, Mariano trabaja en el gerenciamiento de equipos de expedición, entrena a los guías, elabora itinerarios. Y ahora se prepara porque muy pronto encarará una nueva aventura que todavía está en la panza. Mariano está tranquilo porque asegura que su trabajo extremo "es un buen entrenamiento para este próximo gran paso (risas)”, un bebé.

 

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