Hay derrotas que no manchan. Y la de Aston Villa tiene nombre propio bajo los tres palos: Emiliano Martínez. El arquero argentino respondió cada vez que lo exigieron, sostuvo a su equipo en los peores momentos y fue clave para que el conjunto de Birmingham se fuera al descanso en ventaja. Pero en el complemento apareció la jerarquía del Newcastle United y la historia cambió por completo.
El 1-0 parcial había llegado temprano, en una jugada discutida: Tammy Abraham partió en posición dudosa y definió con categoría ante la salida de Ramsdale. Sin VAR en esta instancia de la FA Cup, el tanto subió al marcador y desató las protestas visitantes.
A partir de ahí, el partido se volvió áspero, friccionado y caliente. Hubo reclamos por una fuerte entrada de Digne que pudo ser roja y terminó solo en amonestación. La tensión creció aún más cuando Bizot vio la tarjeta roja directa en el tiempo añadido del primer tiempo, dejando al Newcastle con diez y el encuentro al rojo vivo.
En el complemento, con superioridad numérica, el equipo visitante tardó en acomodarse. Y cuando parecía que el Villa podía administrar la ventaja, emergió la figura de Sandro Tonali. Primero, a los 63 minutos, capturó un rebote tras un despeje de Martínez y sacó un disparo que se desvió en el camino para convertirse en el 1-1. Dibu nada pudo hacer ante esa carambola.
El segundo golpe llegó a los 76. Tonali controló fuera del área y sacó un remate potente, seco, imposible. Martínez voló, pero el balón fue inatajable. Fue el quiebre definitivo. Ya sin respuestas físicas ni anímicas, el Villa quedó expuesto y Woltemade sentenció el 3-1 en los minutos finales.
El arquero argentino volvió a mostrar personalidad, liderazgo y reflejos en una noche compleja. Tapó pelotas bravas, ordenó a su defensa y evitó una diferencia mayor. Pero ni siquiera su versión más competitiva alcanzó para frenar la remontada de un Newcastle que reaccionó a tiempo y se llevó el boleto a la siguiente ronda.