Cristian Lema pasó por Boca y se fue como si nunca hubiera estado. Sin despedidas, sin agradecimientos y sin rastros. Horas después de la finalización de su contrato, el defensor tomó una decisión tan silenciosa como contundente: borró de sus redes sociales cada publicación vinculada a su etapa en el club de La Ribera.
El gesto no pasó inadvertido en el mundo Boca. En tiempos donde las redes funcionan como una vidriera permanente de la carrera de los futbolistas, eliminar fotos, videos y recuerdos no es un detalle menor. Es una señal clara de ruptura. Un corte definitivo con una etapa que nunca terminó de acomodarse a las expectativas, ni del jugador ni del club.
Lema había llegado con la ilusión de ganarse un lugar, pero el tiempo fue jugando en su contra. La falta de continuidad, algunas actuaciones irregulares y decisiones internas lo fueron relegando hasta quedar fuera de la consideración. Con el correr de los meses, el vínculo con la dirigencia se desgastó y el final se volvió inevitable.
En números, su paso por Boca dejó 34 partidos oficiales, un gol y dos asistencias. En sensaciones, quedó marcado por la frustración de no haberse afirmado en un club donde la exigencia no admite grises y el margen de error es mínimo. La Bombonera, tan pasional como implacable, terminó siendo un escenario incómodo para un defensor que nunca logró afirmarse.
El borrado digital parece ser algo más que un enojo pasajero. Es una forma de cerrar una etapa sin medias tintas, de tomar distancia y empezar de cero. Recuperar el control del propio relato, lejos de un ciclo que no funcionó y que, puertas adentro, dejó heridas abiertas.
Mientras tanto, el futuro de Lema empieza a escribirse lejos de Buenos Aires. Newell’s Old Boys y Colón de Santa Fe aparecen como posibles destinos para relanzar su carrera, en contextos menos hostiles y con la chance de volver a sentirse protagonista.