La noche en Noruega fue demasiado para el Manchester City. Demasiado fría, demasiado lejana y demasiado dura desde lo futbolístico. El 3-1 ante el Bodo/Glimt, un rival sin peso histórico en la Champions League, quedó marcado como una de las derrotas más dolorosas de la era Pep Guardiola. Y el impacto no se sintió solo en la tabla: también golpeó de lleno en el vínculo emocional con los hinchas.
Cientos de fanáticos del City cruzaron Europa para alentar a su equipo en Bodø, una ciudad ubicada al norte del Círculo Polar Ártico. Lo hicieron con ilusión, con esfuerzo económico y con la fe intacta. Pero se encontraron con un equipo irreconocible, superado en juego y carácter, que nunca estuvo a la altura del contexto ni del rival.
Consciente del golpe, el plantel decidió dar un paso poco común en el fútbol de elite. Los jugadores resolvieron devolver el dinero de las entradas a los 374 hinchas que estuvieron presentes en el estadio Aspmyra. Un gesto que funcionó como pedido de disculpas y como reconocimiento a un apoyo que no tuvo recompensa dentro de la cancha.
La iniciativa fue encabezada por los capitanes Bernardo Silva, Rúben Dias, Erling Haaland y Rodri, quien además fue expulsado durante el partido. A través de un comunicado, los futbolistas asumieron la responsabilidad colectiva y dejaron un mensaje directo a los simpatizantes. Reconocieron el esfuerzo del viaje, las condiciones climáticas extremas y, sobre todo, la deuda futbolística.
Según trascendió desde Inglaterra, el monto total reintegrado ronda las 10.000 libras esterlinas y fue afrontado directamente por los jugadores, sin intervención del club. Pep Guardiola acompañó el gesto con autocrítica pública: pidió disculpas en el campo de juego y fue aún más duro en conferencia de prensa. “Fue vergonzoso. No tengo respuestas”, admitió el entrenador.
En lo deportivo, el golpe fue significativo. El City quedó 11° en la tabla de la Champions con 13 puntos, fuera de los puestos de clasificación directa a octavos a falta de una fecha. El margen de error se agotó y el equipo está obligado a ganar en la última jornada ante el Galatasaray de Mauro Icardi, además de depender de otros resultados.
La derrota quedará en los registros. El gesto, en cambio, marca una diferencia. En tiempos donde el fútbol suele esconderse detrás de excusas, el City eligió hacerse cargo. Perdió mal, pidió perdón y pagó el precio. Porque a veces, cuando la pelota no responde, la autocrítica también juega su partido.