Darío Benedetto todavía no había pisado el césped ni elegido casa en Guayaquil, pero ya sintió el peso de lo que significa jugar en Barcelona. Su llegada a Ecuador estuvo lejos de ser una bienvenida cálida: en pleno aeropuerto, un grupo de hinchas lo increpó y le dejó en claro cuál será la vara con la que lo medirán.
Mientras avanzaba entre cámaras y curiosos, el Pipa fue abordado por fanáticos del Ídolo que, sin filtro, le soltaron una frase que se escuchó nítida y contundente: “Queremos campeonatos, no que nos vengas a robar”. El mensaje fue directo, incómodo y con un gesto que dejó la escena aún más tensa: uno de los hinchas le tomó la mano con firmeza, casi como una advertencia, para que el delantero entendiera que en Guayaquil no hay margen para medias tintas.
La situación reflejó el clima que rodea al club y la presión que carga Benedetto, de 35 años, en un momento delicado de su carrera. El atacante llega tras una sequía prolongada de goles, sin poder convertir en sus últimos pasos por Querétaro, Olimpia y Newell’s, una racha que alimenta las dudas y explica el recelo de parte de la hinchada.
A pesar del recibimiento hostil, el ex Boca mostró entusiasmo en sus primeras declaraciones públicas. En diálogo con Radio KCH, aseguró estar “contento por la oportunidad” y remarcó su ilusión por competir a nivel internacional: “Siempre jugar la Copa Libertadores es hermoso, más en un club grande”.
En Barcelona ya le reservaron el dorsal número 9, un símbolo cargado de expectativas y presión. Benedetto llega buscando una resurrección futbolística, pero el mensaje fue claro desde el primer minuto: en Guayaquil no alcanza con el nombre. Acá, el Pipa tendrá que responder con goles.