El empate entre Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro dejó mucho más que un punto en la tabla. En la Bombonera volvió a sentirse un clima pesado, con silbidos que bajaron desde las tribunas cuando el equipo se retiró del campo de juego y que reflejaron la disconformidad de los hinchas con el funcionamiento del equipo que conduce Claudio Úbeda.
Boca no logró sostener el resultado y volvió a exhibir los mismos problemas que arrastra desde hace tiempo: falta de juego, pocas respuestas desde el banco y una identidad futbolística que todavía no aparece. La goleada reciente ante Lanús había generado algo de optimismo, pero el clásico volvió a poner todo en discusión.
Los números, además, empiezan a transformarse en una preocupación seria. El Xeneize ganó apenas uno de los últimos once clásicos que disputó frente a los denominados “grandes”, una estadística que pesa demasiado para un club acostumbrado a marcar territorio en este tipo de partidos. La racha incluye cruces ante River Plate, Racing Club, Independiente y el propio San Lorenzo, con más frustraciones que alegrías.
En ese contexto, otro de los focos de la noche estuvo en el palco presidencial. Juan Román Riquelme siguió el partido desde su habitual ubicación y las cámaras lo captaron visiblemente molesto. Con la Bombonera ya vacía, el presidente continuó en el palco dialogando con su círculo más cercano, gesticulando y señalando sectores de la cancha como si repasara lo que había ocurrido durante el encuentro.
La escena expuso el momento incómodo que atraviesa el club. Mientras el técnico intentaba explicar el rendimiento del equipo en conferencia de prensa, en las tribunas todavía resonaban los silbidos y en los pasillos del estadio quedaba flotando la misma pregunta que muchos hinchas repiten desde hace semanas: por qué Úbeda sigue al frente del equipo.
En medio de ese clima, algunos futbolistas como Leandro Paredes mostraron rebeldía dentro de la cancha y fueron de lo más rescatable en un Boca que por momentos tuvo otra dinámica. Sin embargo, la sensación general es que el equipo necesita algo más que momentos aislados: necesita conducción, respuestas y decisiones que cambien el rumbo.