El gobierno de Rolando Figueroa, en Neuquén, trazó una línea que no es original pero sí relevante en la coyuntura, para definir su relación con el gobierno nacional de Javier Milei. Una línea que no pasa por las coincidencias ideológicas, ni por su expresión práctica, la política concreta en la definición de “modelos”, sino, estrictamente, por la conveniencia.
Buscar y encontrar puntos de coincidencia con otros, define en buena parte lo que es, en definitiva, la convivencia. De esto sabe mucho Neuquén, pues en muchas etapas de su relación dentro del esquema federal nacional -tantas veces mentiroso- ha pasado por esta definición, que, por sencilla y elemental, a veces no se le da la importancia que realmente tiene.
Lo cierto es que durante la semana que pasó, Figueroa pudo mostrar un resultado concreto de su estrategia de acuerdos basados en la conveniencia, cuando firmó, con la ANSES, y con la presencia de la ministra de Capital Humano del gobierno de Milei, Sandra Pettovello, el convenio que comienza a reconocer la deuda que Nación tenía (y tiene, todavía) con la caja de jubilaciones provincial, tras los pactos firmados en la década del ’90 del siglo pasado, que, hasta ahora, no habían sido reconocidos.
Por el acuerdo, Neuquén comenzará a percibir, desde mayo de este año, 4 mil millones de pesos por mes, hasta llegar a los 48 mil millones de pesos, en principio, el primer reconocimiento concreto a esa deuda, que, en paralelo, se seguirá evaluando por las partes hasta alcanzar el monto definitivo del entendimiento concretado después de tres décadas de frustraciones.
El acuerdo con Nación fue presentado como “histórico”, y lo es. Lo significativo del asunto es que no se había reconocido esta deuda de manera concreta, ni siquiera en el momento más complaciente de Neuquén hacia una fuerza nacional en el gobierno, que fue cuando el MPN apoyó en sus propias boletas electorales a Cristina Kirchner. Fue en 2011, cuando la convención de ese partido decidió ser colectora del Frente para la Victoria, en las primarias y las generales, después que Jorge Sapag ganara las anticipadas elecciones provinciales.
Esa virtual subordinación que protagonizó entonces el partido provincial que estuvo en el gobierno hasta 2023, no le valió, en los hechos, nada especial a la provincia. Incluso, la política nacional de entonces condenó a Neuquén a no poder aprovechar los precios internacionales de su principal insumo, el petróleo, porque el kirchnerismo en el poder decidió fijar un “precio nacional” (el llamado barril criollo), con el argumento de que así no aumentaría la nafta y se protegería al pueblo argentino.
Fueron millones de dólares que perdió Neuquén, justo en un momento malo de la coyuntura económica, cuando Vaca Muerta estaba en el principio y era solamente una idea, una proyección, para superar la declinación de los hidrocarburos convencionales.
La idea misma, respaldada en estudios geológicos internacionales, le costó mucho a Neuquén imponerla, y, finalmente, terminó derivando en la “re estatización” de YPF -hoy en peligroso litigio judicial- y en el convenio YPF- Chevrón, que puso en marcha Loma Campana, en 2013, y lo que es hoy Vaca Muerta, la principal fuente de recursos de la provincia, y, cada vez más, del país.
Así, es probable que vuelva a demostrarse, para las nuevas generaciones, que, en política, los matrimonios funcionan mejor por conveniencia, antes que por amor. Y que, a tono con las tendencias sociales de este siglo 21, muchas veces es mejor no casarse, sino, en todo caso, integrar parejas más libres, más flexibles, guiadas, en todo caso, por la conveniencia coyuntural y mutua.