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Sábado 07 de Febrero, Neuquén, Argentina
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Gremio duro, Gobierno inflexible y una paritaria convertida en campo de batalla

Con paros en agenda y posiciones cada vez más duras, el conflicto entre el Gobierno y UnTER vuelve a poner en riesgo el inicio de clases en toda la provincia. El Ejecutivo analiza desempolvar la Ley de Educación Esencial.

Sabado, 07 de febrero de 2026 a las 16:23
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El conflicto docente en Río Negro vuelve a poner en jaque el inicio de clases y amenaza directamente a unos 120 mil alumnos de la escuela pública, que ve perder alumnos todos los años. Con paros, negociaciones congeladas y una pulseada política cada vez más dura, la paritaria dejó de ser un espacio de diálogo y se transformó en un campo de batalla ideológico donde el Gobierno y UnTER parecen más interesados en sostener su libreto que en garantizar el comienzo del ciclo lectivo.

En primer lugar, la nueva conducción de UnTER radicalizada, con Laura Ortiz al frente, que asumió a fines del año pasado, tiene como objetivo el no inicio de clases. Lejos de buscar una salida negociada, el gremio después de escuchar una oferta que no los convenció, endureció su postura y convocó a un Congreso que, como ya todos descuentan, terminará en medidas de fuerza. El mensaje es claro y no admite dobles lecturas: tensión máxima y cero concesiones; sueldo testigo de 2 millones de pesos.

Por su parte, el Gobierno provincial tampoco jugó a la sorpresa. Presentó una oferta salarial que sabía, desde el minuto cero, que iba a ser rechazada. Un bono de 250 mil pesos en dos cuotas, aumentos automáticos por IPC y duplicación de la ayuda escolar. Una propuesta que en la Mesa de la Función Pública, ATE aceptó, pero que los representantes de los maestros descartaron por reflejo, fiel a su dogma de no aceptar sumas fijas. El Ejecutivo conocía esa postura, pero igual avanzó. Entonces, el resultado no puede ser otro que el previsible: enojo gremial, paro confirmado para el miércoles 11 y un Congreso convocado para el viernes 13 en Cipolletti, una semana después de la última oferta.

Mientras tanto, el calendario escolar empieza a romperse antes de arrancar. Nadie duda de que el Congreso definirá un paro para el 18 de febrero, justo cuando deben volver a clases las escuelas con Receso Invernal Extendido. Y tampoco hay demasiadas ilusiones de que el 2 de marzo, fecha oficial del inicio del ciclo lectivo, quede a salvo. No hay banderas de tregua a la vista.

Sin embargo, en su posición dura, el gremio no desconoce que el Gobierno tiene una jugada al alcance de la mano. Se trata de la Ley de Educación Esencial, impulsada por el legislador del PRO Juan Martín, que ya pasó una primera vuelta legislativa y podría aprobarse si el Ejecutivo decide desempolvarla. Si se convierte en ley, cada escuela deberá garantizar guardias mínimas durante los paros, evitando el cierre total de los establecimientos.

El impacto de esa norma sería demoledor para el sindicato docente, el más fuerte de la provincia. Con escuelas abiertas y docentes obligados a garantizar clases, los niveles de acatamiento caerían en picada y la herramienta histórica del paro perdería fuerza. A eso se suma otro dato no menor: los duros descuentos por días no trabajados, una política que la tercera gestión de Alberto Weretilneck no está dispuesta a negociar ni a suavizar.

En paralelo, el gobernador intenta instalar un relato de previsibilidad y esfuerzo provincial. Habla de una "nueva etapa", de salarios atados al costo de vida y de responsabilidad fiscal. Y al mismo tiempo apunta directamente contra UnTER, acusándolo de sostener un posicionamiento ideológico que bloquea cualquier acuerdo. "UnTER no quiere ningún tipo de acuerdo", disparó con un gran porcentaje de veracidad en sus palabras. Pero también forma parte de la estrategia oficial: responsabilizar al sindicato por la paritaria rota y mostrarse abierto al diálogo, aunque con la convicción de que no habrá acuerdo por más que haga una mejor oferta.

Así, la paritaria docente en Río Negro quedó atrapada en un juego de roles donde nadie se corre ni un centímetro. Un Gobierno que ofrece lo que sabe que será rechazado y un gremio que cumple su amenaza de no iniciar las clases. La negociación ya no es negociación. Es una guerra de desgaste. Y el inicio de clases, lejos de ser una prioridad, se convirtió en rehén de un conflicto que promete escalar y profundizar heridas en una escuela pública que, año tras año, ya viene perdiendo matrícula, confianza y proyección de futuro.

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