En los últimos años, Neuquén ha destinado recursos crecientes a seguridad. Esto incluye no solo equipamiento o tecnología, sino uno de los rubros más importantes y más olvidados en muchas provincias: los sueldos de las fuerzas policiales. Cuando hablamos de invertir en seguridad, no estamos hablando de números abstractos. Estamos hablando de: remuneraciones dignas para quienes patrullan, capacitación permanente, incentivos que eviten la deserción y la corrupción, condiciones laborales que reduzcan el desgaste físico y mental y estructura institucional para que la policía pueda cumplir con su función sin improvisar.
Ahí está el primer punto que merece un debate serio: ¿Neuquén está invirtiendo en seguridad o está invirtiendo en parches? Porque no siempre inversiones mayores significan mayor eficacia. Y no siempre más dinero en sueldos se traduce en más seguridad ciudadana. Sueldos policiales: inversión necesaria, pero no suficiente.
No hay discusión: una fuerza policial bien remunerada es indispensable, un salario que reconozca riesgo, responsabilidad y dedicación contribuye a: mejorar la moral institucional, reducir el absentismo, desincentivar la corrupción interna y atraer a personal más calificado. Pero —y esto es fundamental— el salario por sí solo no transforma a una fuerza de seguridad.
Para que el dinero en sueldos tenga impacto real, debe estar acompañado de capacitación constante y evaluación de desempeño, protocolos claros y actualizados, equipamiento adecuado y mantenido e infraestructura física (bases, comisarías, equipamientos operativos)., sistemas de control interno que prevengan abusos y malas prácticas.
Si solo subís sueldos pero no resolvés los otros elementos, lo que tenés es más dinero sin mejores resultados. ¿Qué resultados muestran los números? Los datos oficiales muestran que Neuquén ha aumentado los recursos destinados a seguridad en términos absolutos, incluyendo salarios. Pero la sensación social —la que vive el vecino en la calle— no siempre coincide con esos números. La percepción de inseguridad no baja en la misma proporción que suben los presupuestos. ¿Eso significa que el gasto es malo? No necesariamente.
Una fuerza policial bien remunerada es indispensable, un salario que reconozca riesgo, responsabilidad y dedicación contribuye a: mejorar la moral institucional, reducir el absentismo, desincentivar la corrupción interna y atraer a personal más calificado. Pero —y esto es fundamental— el salario por sí solo no transforma a una fuerza de seguridad.
Significa que el problema es más complejo que un cheque con más ceros. Porque invertir en seguridad no es gastar. Es gastar con lógica estratégica. Seguridad integral versus seguridad reactiva. Hoy se sigue concentrando una enorme parte del presupuesto en la respuesta, no en la prevención. Invertir en seguridad no puede ser solo: policía más grande, sueldos más altos, patrullajes visibles. Tiene que ser también: prevención del delito desde la infancia, políticas sociales que reduzcan factores de riesgo, programas comunitarios, inclusión laboral juvenil, educación cívica.
Porque la seguridad no se compra en pesos. Se construye en tiempo. Inversión y medición de resultados. Un aspecto que a menudo pasa desapercibido es la forma en que se mide la inversión: No alcanza con decir “gastamos más en seguridad”. Hay que medir: reducción de delitos por habitante, tiempos de respuesta, resolución de causas, percepción ciudadana de seguridad, satisfacción con la policía en la comunidad. Sin indicadores claros, el discurso puede sonar bien pero no responder a la experiencia de quien camina la calle, estaciona su auto, deja sus hijos en la escuela o vuelve a su casa de noche. Neuquén invierte, sí, pero invertir no es sinónimo de proteger. Invertir en sueldos policiales es indispensable, pero no suficiente. Invertir en capacitación, protocolos, control institucional y políticas integrales es lo verdaderamente transformador.
Neuquén puede discutir presupuestos, puede debatir estrategias, puede revisar números. Pero hay algo que no debería estar en discusión: la Policía del Neuquén es una de las instituciones más presentes y sacrificadas del Estado provincial.
Mientras sigamos pensando que la seguridad se compra con plata en mano, la inseguridad seguirá encontrando espacios donde crecer y a veces, esos espacios están más cerca de la indiferencia social y la falta de estrategia que de la falta de recursos. La pregunta que queda en el aire no es cuánto gastamos en seguridad. La pregunta es: ¿gastamos bien para vivir más seguros? Y esa es, la discusión que la provincia todavía tiene pendiente.
Neuquén puede discutir presupuestos, puede debatir estrategias, puede revisar números. Pero hay algo que no debería estar en discusión: la Policía del Neuquén es una de las instituciones más presentes y sacrificadas del Estado provincial.
Detrás de cada móvil que patrulla hay hombres y mujeres que trabajan turnos extendidos, que enfrentan situaciones límite y que muchas veces lo hacen bajo presión social y política permanente. No trabajan en un escritorio, trabajan en la calle. Y la calle no perdona errores.
La Policía del Neuquén no es el problema estructural de la inseguridad. Es parte central de la solución. Y cuando el Estado invierte en sueldos, en formación y en recursos está invirtiendo en algo más profundo: en autoridad, en orden y en convivencia.
Invertir en seguridad no es un capricho presupuestario. Es reconocer que la seguridad es un derecho básico. Y reconocerlo implica pagar sueldos dignos, mejorar equipamiento, fortalecer la capacitación y respaldar institucionalmente a quienes arriesgan su integridad física todos los días. La crítica a la política de seguridad puede ser legítima. La exigencia de mejores resultados también. Pero no puede confundirse eso con deslegitimar a la fuerza en su conjunto.
La Policía del Neuquén no es el problema estructural de la inseguridad. Es parte central de la solución. Y cuando el Estado invierte en sueldos, en formación y en recursos está invirtiendo en algo más profundo: en autoridad, en orden y en convivencia. La seguridad no se construye solo con discursos. Se construye con presencia real. Y esa presencia tiene nombre, uniforme y compromiso.
Neuquén necesita estrategia. Necesita control político inteligente. Necesita prevención. Pero también necesita algo básico y claro: una policía respetada, respaldada y profesional. Porque cuando la fuerza está bien paga, bien formada y bien conducida la sociedad está un poco más tranquila y en tiempos de incertidumbre esa tranquilidad no es un lujo. Es un valor esencial.