Después de casi dos décadas juntos, Facundo Arana y María Susini dejaron de mostrarse como pareja y el dato, apenas circuló, activó una pregunta inevitable. No tanto qué pasó, sino si lo que ocurrió marca un cierre definitivo o apenas un nuevo capítulo de una historia larga.
Durante años, Facundo Arana y María Susini construyeron un vínculo de perfil bajo, lejos de la exposición constante y con una lógica más familiar que mediática. Por eso, cuando la versión de la separación se instaló, llamó la atención el silencio de ambos. No hubo comunicados ni aclaraciones inmediatas, solo un clima de distancia que empezó a ser leído como algo más profundo.
El propio actor eligió no salir a confirmar ni desmentir la ruptura de manera formal. Sin embargo, ante una consulta puntual en Tandil, donde se presentó con su unipersonal, dejó una frase que rápidamente se volvió central. No fue un desmentido, pero tampoco una confirmación cerrada. Fue, más bien, una definición ambigua que abrió interpretaciones.
“Tenemos nuestras idas y vueltas y altos y bajos, como en toda familia que se aprecie de serlo". Con esas palabras, Facundo Arana evitó el tono de ruptura definitiva y se corrió del lugar del punto final. La frase no habla de separación ni de divorcio, sino de procesos, movimientos y ciclos, una elección que no pasó inadvertida.
En ese gesto discursivo también aparece algo del recorrido de la pareja. ellos atravesaron etapas, mudanzas, proyectos compartidos y momentos de mayor o menor exposición. No es la primera vez que se mencionan crisis o distancias, aunque hasta ahora siempre habían quedado en el terreno de los rumores y las especulaciones.
La diferencia, esta vez, es el contexto. La frase de Facundo Arana llega después de que la separación ya fuera comentada públicamente y cuando el vínculo dejó de mostrarse como antes. Por eso, más que aclarar, sus palabras parecen buscar otro efecto, el de no clausurar del todo una historia que todavía se percibe abierta.
Facundo Arana no habló de decisiones definitivas ni de futuros separados. Tampoco ensayó explicaciones ni buscó justificar el momento personal que atraviesa con María Susini. Se limitó a describir un estado, uno que convive con el afecto y con la idea de movimiento. Y en ese matiz, lejos del cierre rotundo, quedó flotando la posibilidad de que el final todavía no esté escrito.