Lejos del ritmo acelerado de la ciudad y de la exposición constante que implica su carrera, Abel Pintos eligió instalarse en Chaco junto a Mora Calabrese para construir un hogar que reflejara otra forma de vida. Allí, rodeados de naturaleza y privacidad, levantaron una casa donde predominan la calma, la luz y una estética cuidada hasta el último detalle.
La vivienda se caracteriza por una decoración basada en tonos neutros y líneas simples. Blancos, grises y materiales nobles marcan el pulso visual de cada ambiente, generando una sensación de amplitud y orden. Nada parece estar colocado al azar: todo responde a una lógica minimalista que prioriza lo funcional sin resignar elegancia.
Uno de los espacios que más llamó la atención es la cocina. Con muebles de diseño recto en gris y blanco, tiradores discretos y una mesada de granito claro, el ambiente combina practicidad y modernidad. Una ventana amplia permite el ingreso de abundante luz natural, reforzando la idea de un espacio abierto y luminoso que se integra con el exterior.
El living mantiene la misma coherencia estética. Las paredes blancas, un mueble laqueado al tono y una mesa ratona de mármol con vetas suaves y detalles metálicos aportan un toque contemporáneo. Es un ambiente pensado para el descanso, la lectura y los momentos compartidos en familia, sin recargar el espacio con elementos innecesarios.
La galería techada funciona como una extensión natural del interior. Con madera en paredes, sillones de fibras naturales y una presencia constante de plantas, el sector invita a desconectar y disfrutar del paisaje chaqueño. La naturaleza que rodea la propiedad no es un simple fondo, sino parte central del concepto del hogar.
La fachada respeta esa misma línea visual: base blanca, hierro con vidrio repartido y cortinas roller que suavizan la luz. Sin ostentación ni excesos, Abel Pintos y Mora Calabrese diseñaron una mansión que combina diseño contemporáneo, intimidad y una fuerte conexión con el entorno.
La historia de la pareja también acompaña ese perfil bajo. Abel Pintos y Mora Calabrese comenzaron su vínculo hace más de una década, apostando a una relación lejos del escándalo mediático. Con el paso del tiempo consolidaron una familia ensamblada y eligieron el norte argentino como base estable, priorizando la vida cotidiana y el crecimiento de sus hijos por sobre la exposición pública.