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Domingo 08 de Febrero, Neuquén, Argentina
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Qué fue de la vida de Soledad, la hija menos conocida de Jorge Guinzburg

Soledad Guinzburg eligió un camino lejos de la TV, se formó en el ámbito académico y vive fuera del país.

Por Redacción

Domingo, 08 de febrero de 2026 a las 12:15
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Durante años, el apellido Jorge Guinzburg estuvo asociado al humor, la televisión y una presencia constante en los medios. Sin embargo, dentro de esa familia atravesada por la exposición pública, hubo una decisión que fue en sentido contrario. Soledad Guinzburg, la hija menos conocida del conductor, construyó su vida lejos de los flashes y del ruido mediático que rodeó a su padre.

Mientras el recorrido profesional de Jorge Guinzburg y el de su otra hija, Malena Guinzburg, siempre estuvo ligado al escenario y a la televisión, Soledad eligió un perfil bajo desde muy joven. Su interés pasó por la formación, la escucha y el trabajo silencioso, en un trayecto que la fue alejando naturalmente de cualquier tentación de fama heredada.

Su camino profesional combinó dos universos que conviven sin estridencias. Primero se formó en Bellas Artes, un territorio vinculado a lo creativo, y luego encontró en la psicología el espacio donde desarrollar su vocación. Esa elección marcó un modo de vida enfocado en lo íntimo, lejos del espectáculo y de la lógica de la exposición permanente.

En un momento clave, Soledad Guinzburg tomó una decisión que terminó de consolidar ese rumbo. Eligió mudarse a Europa y establecerse en Barcelona junto a su marido, Andrés Trebliner, y sus dos hijos adolescentes. La distancia no respondió a un proyecto mediático ni a una oportunidad ligada a la fama, sino a una búsqueda personal vinculada al bienestar familiar.

Fue su hermana quien, tiempo después, puso en palabras los motivos de ese cambio. En una entrevista con Teleshow, Malena Guinzburg explicó: “Se fueron por el miedo que les daba criar a dos adolescentes en este país al que no consideraban demasiado seguro”. La frase dejó al descubierto una decisión atravesada por preocupaciones cotidianas, muy lejos de cualquier lógica pública.

La partida, sin embargo, no estuvo exenta de impacto emocional. La propia Malena reconoció cuánto le costó ese alejamiento: “Me angustió mucho su ausencia. Fue un garrón tenerla lejos, a ella y a mis dos sobrinos. Los extrañé muchísimo”. Un testimonio que revela el costo afectivo detrás de una elección profundamente personal.

Hoy, desde España, Soledad Guinzburg sostiene la coherencia de ese camino. Sin redes activas ni apariciones mediáticas, ejerce su profesión y acompaña la vida de sus hijos, manteniendo una identidad propia, lejos del apellido como marca pública. Una historia que contrasta con la popularidad de Jorge Guinzburg, y que confirma que no todos los legados se continúan frente a cámara.

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