La situación de Christian Petersen mantiene en vilo al mundo del espectáculo y la gastronomía desde que se conoció que sufrió una grave descompensación durante el descenso del volcán Lanín. El chef fue asistido primero en San Martín de los Andes y luego trasladado de urgencia al Hospital Alemán, en Buenos Aires, donde continúa internado. El silencio de su entorno más cercano no hizo más que potenciar la preocupación y las especulaciones.
Desde que se difundió el episodio, la familia de Christian Petersen decidió no brindar declaraciones públicas, lo que generó un fuerte hermetismo. Esa falta de información oficial abrió la puerta a múltiples versiones que comenzaron a circular tanto en medios locales como nacionales, muchas de ellas con datos sensibles sobre lo ocurrido en plena montaña.
Uno de los primeros comunicados que encendió las alarmas fue el de la Asociación de Guías de Montaña. Allí se explicó que Christian Petersen debió ser asistido por Gendarmería tras manifestar actitudes extrañas, conductas alarmantes y un estado de alteración que obligó a interrumpir el descenso del grupo en el volcán Lanín.
En medio de ese contexto, la periodista Fernanda Iglesias lanzó una versión que sacudió el caso. Según contó en televisión, los estudios toxicológicos habrían arrojado resultados positivos para sustancias ilegales, información que, aclaró, provendría de periodistas locales y no de un parte médico oficial.
Siempre de acuerdo a lo relatado por Fernanda Iglesias, en los análisis de sangre de Christian Petersen se habría detectado la presencia de cocaína y MD, metanfetaminas que, combinadas con la exigencia física y la altura del volcán Lanín, habrían provocado el colapso físico del chef de 56 años.
La panelista fue contundente al remarcar los riesgos de este tipo de conductas extremas. En su reflexión, sostuvo que consumir drogas y luego exponerse a una actividad de alta montaña puede tener consecuencias gravísimas, y que ocultar esa información no ayuda a generar conciencia.
Además, Fernanda Iglesias describió una secuencia aún más impactante del rescate. Según su relato, Christian Petersen no podía continuar, se despojó de su ropa y debió ser reducido, sedado y trasladado primero al hospital de Junín de los Andes antes de su derivación a Buenos Aires.
Por ahora, lo único confirmado es el malestar de la familia de Christian Petersen con la prensa y su decisión de manejar todo con extrema privacidad. Ese silencio, lejos de calmar las aguas, sigue alimentando rumores, teorías y un debate público que parece lejos de apagarse.