Historias contemporáneas

El monstruo de cara ingenua que violó a 48 hombres

Fue condenado el lunes por un tribunal de Manchester, Inglaterra. La jueza lo consideró "un monstruo".
jueves, 09 de enero de 2020 · 20:45

Uno cree que el ser humano tiene algún límite. Que su capacidad de hacer el mal no es infinita. Hasta que se topa con alguien como Reynhar Sinaga. Y esa sensación de finitud, de poder mensurar la cantidad del bien o del mal, se desvanece. Porque es realmente inconcebible lo que este estudiante indonesio, de 36 años, residente en Manchester, Inglaterra, hizo. Lo que un tribunal consideró probado, y por lo que lo condenó a cadena perpetua. Lo que provocó que la jueza interviniente, Suzanne Goddard, lo calificara, en su sentencia, como un monstruo.

Reynhar Sinaga, dicen, se enamoró de Manchester. Y como el padre tenía mucha plata, consiguió, sin mayor esfuerzo, justificar un largo estudio de más de una década para obtener un posgrado, en Gran Bretaña, siempre financiado por el patriarca de la familia. Quienes lo conocen y lo describieron en la Corte, hablaron de un hombre de rasgos angelicales, un estudiante muy popular, con algunas características extravagantes, un tipo con el que se hacía fácil compartir estudios y trabajos, por su simpatía y entrega.

Este lunes, en la Corte, se reveló del todo lo que Reynhar Sinaga había vivido durante más de una década, como una parodia moderna de aquel relato de Stevenson, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Porque el estudiante salía de noche a cazar hombres. Buscaba entre los exhaustos por la farra, en las madrugadas de Manchester. Alcoholizados o drogados. Los convencía fácilmente de ayudarlos, los llevaba a su departamento, los violaba, a veces durante horas, y grababa esas agresiones sexuales prolijamente, con su celular.

El estudiante de 36 años de familia adinerada perpetró 159 agresiones sexuales contra 48 hombres. Esos fueron los casos considerados probados, por la jueza Goddard. Pero la policía supone que hay más. Porque muchos de los abusados recién pudieron confirmar que lo que temían haber sufrido, había sido real, durante el juicio. Y se estima entonces que habría más víctimas.

La caída de Reynhar Sinaga comenzó cuando una de sus víctimas despertó en un entreacto de la rutina de violación. Se despertó y pudo huir. Y en la huída, manoteó un teléfono, que era el celular del monstruo. Allí la policía y la justicia pudieron encontrar 150 videos, grabados por el propio violador. Esos videos fueron suficientes para demostrar que ninguna de las “relaciones” había sido “consensuada”, sino que, en todos los casos, se había tratado de simples y brutales violaciones.

Uno cree, o tiende a creer, que hay límites para los humanos. Tanto para el bien, como para el mal. Pero no. Conviene dejar abierta esa puerta. En el caso de Reynhar Sinaga, el límite le fue impuesto solo cuando la policía llegó a la puerta de su departamento, de su coto de caza y tortura, le puso las esposas, y se lo llevó a ese mundo de rejas y silencio, en donde ahora pasará, con un poco de suerte, el resto de su vida.

  

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