Un acto oficial que abrió más preguntas que respuestas
La Cámara de Diputados fue escenario de un momento insólito durante una jornada convocada por sectores antivacunas. Un hombre, sin remera, se presentó ante funcionarios y asistentes para mostrar cómo un imán podía adherirse a su pecho y relacionarlo con la vacuna contra el COVID-19.
La demostración fue recibida con miradas desconcertadas y una mezcla de sorpresa e incomodidad. No por el supuesto “efecto”, sino por la decisión de exponerlo en un ámbito institucional en plena discusión pública sobre salud y vacunación.
Qué es en realidad el fenómeno: tensión superficial
Mientras el hombre atribuía el efecto a las vacunas, la explicación científica es conocida desde hace años y no tiene ninguna relación con la inoculación. Lo que ocurre cuando un objeto queda adherido a la piel se explica por tensión superficial, la presencia de grasas naturales en la dermis y el rozamiento entre ese objeto y la piel.
No intervienen metales, partículas magnéticas ni componentes que tengan alguna relación con los inmunizantes utilizados durante la pandemia.
Las vacunas no contienen elementos magnéticos
Las fichas técnicas de las vacunas aplicadas en Argentina detallan su composición y no incluyen sustancias con capacidad de generar magnetismo. Organismos como la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades aclararon en múltiples oportunidades que ninguna vacuna puede generar un efecto magnético en el cuerpo humano.
Además, incluso en un escenario hipotético, la cantidad de material inyectado sería insuficiente para producir adherencia magnética visible.
La contradicción que encendió el debate
La exposición del supuesto “magnetismo” en un ámbito oficial reavivó la discusión sobre el uso del Congreso para difundir afirmaciones sin respaldo científico. En paralelo, especialistas insisten desde hace años en la importancia de sostener coberturas de vacunación para evitar el avance de enfermedades prevenibles.
La escena combinó incredulidad, polémica y un debate sanitario que sigue abierto.