La otra pandemia

La UOCRA, el Covid-19 y los 100 días de Fernández

En los 100 días no hubo señales de consenso político ni económico. La gestión de Alberto Fernández parece sustentada en la retórica del miedo más que en la construcción de consenso.
domingo, 28 de junio de 2020 · 00:15

El AMBA regresó este fin de semana a un aislamiento estricto, y con esta decisión comenzó a debilitarse el apoyo que el mandatario presidencial había cosechado en las primeras semanas de declarada la pandemia.

Transcurrieron cien días del anuncio del Aislamiento, Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO). Al mejor estilo María Julia Alzogaray, el presidente Alberto Fernández se comió lo más valioso que tiene un político para hacer realidad su sueño: "el tiempo".

El tiempo no se recupera, al igual que la vida. En estos 100 días no generó el consenso necesario con los sectores económicos y sociales para la elaboración de un plan que permita dar soluciones a los problemas estructurales de la Argentina.

Lo único que percibió la sociedad durante estos 100 días es una estrategia comunicativa sustentada en la retórica del miedo. Es lógico que Alberto Fernández transmita temor a la sociedad en vez de comunicar empoderamiento. Cruzado por una débil economía y la escasa confiabilidad de los mercados, la gestión del Gobierno Nacional comenzó a mostrar signos de debilitamiento.

En este sentido, no hay poder en el mundo que no haya confiado en alguna forma de terror. El miedo quebranta la resistencia, genera pánico y paraliza la disidencia. Desde Hittler hasta Videla, la destreza comunicativa consistió en utilizar el miedo como táctica de la dominación social; una habilidad -consciente o inconsciente- que el gobierno utiliza en cada mensaje que transmite a la población sobre la pandemia.

Protegido figurativamente por la presencia de Axel Kicillof y Horacio Rodriguez Larreta en cada aparición sobre la cuarentena, el gobierno de Fernández intenta imponer en el inconsciente colectivo una imagen de fortaleza política.

Con apenas visualizar los indicadores del mercado, conversar con algunos industriales o escuchar las declaraciones de los sindicalistas, bastará para entender que la sociedad Fernández-Fernández perdió en estos cien días la credibilidad en materia económica, política y social.

Como se enseña en las universidades, la comunicación también está compuesta de silencios y ausencia; y la agenda presidencial está llena de estos significantes. En estos cien días, pocas o nulas fueron las reuniones con economistas, empresarios o sindicalistas para analizar la otra pandemia: la económica, productiva y social.

Si alguien pensara mal de Alberto Fernández, esta lógica omisión sería parte de la propia estrategia para crear las condiciones necesarias en la cual la sociedad no sintiera la dependencia estatal como una amenaza, sino como parte de la seguridad que termina privando al hombre de su propia libertad.

El sindicalista Gerardo Martinez fue duro con el Gobierno Nacional la semana pasada. “La pandemia genera muchos daños colaterales más allá de las contingencias sanitarias” dijo en el programa radial de Luis Novaresio.

“No todos estamos ante la misma situación”. Tanto los trabajadores de la construcción como los gastronómicos para mencionar solo dos gremios “no están en ninguna base de datos del Ministerio de Desarrollo Social” expresó Martínez.

“Son trabajadores que no viven del subsidio… (viven) del esfuerzo como dice el contrato bíblico… ganarás el pan con el sudor de tu frente… nuestros trabajadores están acostumbrados a eso” en referencia a una política del subsidio y dependencia estatal que implementó el gobierno nacional.

Es claro que existe “una diferencia entre la actividad privada y las actividades de servicios públicos” expresó el dirigente sindical. “Otras actividades que pertenecen a la Administración Pública tienen garantizado el cien por ciento de su salario y su estabilidad laboral”, pero no así las actividades privadas.

Durante la entrevista Gerardo Martínez comentó que sobre la misma premisa de preservar las fuentes de trabajo de todas las actividades le solicitó al gobierno que garantice $ 12.000 millones por mes para pagar el salario íntegro de los 350.000 trabajadores de la construcción; para luego confesar que “nadie lo puede garantizar… (pero eso sí) se ha emitido más de 900 millones de pesos”.

“Asi como hay un gabinete sanitario y de científicos… tiene que haber un gabinete que atienda la cuestión económica, productiva, junto a las condiciones sociolaborales de los trabajadores” explicó preocupado por la grave situación que atraviesa el gremio de la construcción.

Un comité “del mientras tanto” lo llamó para desligarse de la idea de cogobierno, mientras confesaba que "dependemos de la actitud discrecional de cada funcionario... hemos tenido que estar hablando, y hablando para que se paguen las obras… Hay 2000 viviendas para reactivar y no hablo del AMBA… son obras que están licitadas… (pero) no veo hechos” sentenció con dureza e indignación por la falta de respuesta de los funcionarios nacionales.

Sobre el final explicó que la frase  “voy a hacer un plan… (que utilizan los funcionarios) significa un año”, mientras existen obras que fueron licitadas y hoy por hoy no están autorizadas. Obras que demandarán más de 20.000 puestos de trabajo en la actividad privada. Toda una señal, que conduce a la dependencia estatal.

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