CONFLICTO SINDICAL

El "modelo Neuquén", en las paritarias petroleras

La inflación estimada marca el piso. El nuevo acuerdo de ATE-Neuquén marca el techo. La industria privada pretende previsibilidad en un contexto de incertidumbre. Una salida técnica y politica para llegar a un 40% de pauta salarial.
martes, 11 de mayo de 2021 · 11:04

El año pasado los operadores de pulverizadoras, dedicados a la aplicación de productos fitosanitarios, obtuvieron un aumento del 58,5% logrando la paritaria anual más alta en el 2020.

Este año, quien lleva el porcentaje más alto, es la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines con un incremento salarial del 57% y en segundo lugar, luego de 20 días de corte en las rutas petroleras, el grupo de “autoconvocados” de la Asociación de Trabajadores del Estado (Neuquén) que una recomposición salarial del 53,9%.

Lejos de estos porcentajes se encuentra la estimación inflacionaria realizada por el Gobierno Nacional. La administración de Alberto Fernández se ocupó de dejar en claro que para las paritarias “no hay techo” y al parecer las representantes de los trabajadores avanzaron en esa línea.

El guiño político de la Casa Rosada terminó generando tensión en varios sectores industriales que aún no observan un crecimiento sostenido de la economía. Lo cierto es que entre el “cepo laboral” impuesto el año pasado, la abrupta caída de la demanda de muchos productos y servicios, y la incertidumbre económica; el sector empresario acude a la mesa paritaria debilitado política y económicamente.

En este contexto, el Gobierno Nacional suma nuevas medidas de aislamiento y restricciones para sostener el debilitado sistema de salud, convirtiendo a las reuniones paritarias en una maratón de pretensiones sectoriales.

Para el Dr. Julián De Diego, fundador del estudio de abogados De Diego & Asociados y profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Universidad Católica Argentina y la Universidad Austral, este año las aspiraciones sindicales están centradas en la reconstrucción del salario básico perdido, la pauta salarial que oscilará entre el 29 y 32%, la incorporación de una cláusula de revisión y el ajuste de los conceptos adicionales y no remunerativos.

Sin embargo, del otro lado también existen pretensiones. El sector empresario y según la actividad económica, viene acordando con el sector sindical aumentos graduales con inflación vencida, incrementos en cuotas sin cláusulas de revisión y la exclusión de cualquier porcentual que incluya la inflación adeudada y/o pedido complementario que pueda distorsionar el resultado de la paritaria.

En este contexto y antes que finalice el tiempo de la conciliación obligatoria, se lleva a cabo las paritarias del sector petrolero con los representantes de la Cámara de Empresas Productoras de Hidrocarburos (CEPH).

Cabe recordar que, el gremio liderado por Guillermo Pereyra sumó el año pasado un 15% a la recomposición otorgada en la paritaria del 2019, lo que significó un incremento del 31% para el 2020. La diferencia de criterios entre el sector empresario y el gremial está en que, para el sindicato el 15% representa una recomposición de la paritaria 2019; mientras que para el sector empresario ese reconocimiento es parte del acuerdo 2020 y no corresponde reabrir la discusión paritaria

En este punto, la demanda que lleva adelante Marcelo Rucci como Secretario Adjunto es la espada de Damocles para Vaca Muerta. Para algunos laboralistas, abrir el acuerdo 2020 es similar al reclamo salarial que realizaron los “autoconvocados de salud” de la provincia del Neuquén.

Para la industria, escuchar la palabra “confrontación” es sinónimo de viejos paradigmas petroleros, asambleas interminables e impacto en los costos operativos que podrían ser incalculables. Este riesgo lo analizan los empresarios privados que se ven impedidos de acordar directamente con el sindicato por la presión que realizan los funcionarios de la empresa de bandera en la cámara empresaria.

Cada día que pasa, el porcentual se incrementa y lejos queda la pretensión sindical del 30% para el 2021. El desafío que tienen tanto Pereyra, Rucci y el sector empresario es llegar a un porcentaje que supere la pretensión inicial y la diferencia se incorpore como un adicional remunerativo “por pandemia”.

Este artilugio conceptual, más allá del impacto que le genera a las delicadas cuentas de YPF, podría destrabar la negociación paritaria entendiendo que no se abriría técnicamente el acuerdo 2020 y la incorporación del nuevo concepto salarial remunerativo sería absorbido una vez que finalicen las medidas restrictivas y se reactive la economía.

Una salida técnica y políticamente elegante que evitaría repetir los modelos de una “Patagonia rebelde”, donde cada vez se hace más necesario alinear a la tropa bajo el paraguas sindical. Es decir, el modelo ATE-Autoconvocados es la muestra de un pequeño botón.

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