CUTRAL CO SIGUE PIDIENDO SEGURIDAD

Camino al Cielo, una recorrida por los barrios narcos

Radiografía de los barrios más peligrosos de Cutral Co, donde más allá de la llegada de la Gendarmería, ahí todavía dominan los narcos.
jueves, 17 de octubre de 2019 · 17:18

Es la hora 10 de la mañana, o las 4 de la tarde, y es lo mismo. Los niños no son dueños de salir a la vereda o jugar en una plaza como ocurre en otros lugares. Hay barrios de Cutral Co que están tomados por bandas narcos. Hace años que esas barriadas sufren la violencia por delitos menores, pero últimamente, la escalada sangrienta tiene nombre: el negocio de la droga con soldados que van de los 14 a los 30 años. Hablamos de cinco barrios que son los más conflictivos. En uno de esos, precisamente, una bala perdida terminó hace semanas con la vida de un niño de 8 años.

Era la hora 9 de la noche del miércoles (09/10). Hacía casi 48 horas que las comunidades de Cutral Co y Plaza Huincul habían salido a la Ruta Nacional 22 a exigir justicia. Para entonces, a Yereni Fuente y a Jonatan Pérez ya le faltaba uno de sus retoños: Luciano, de 8 años. Era el mayor de tres hermanos. El lunes (07/10) a la tarde, jugaba en la vereda de la casa de sus abuelos, en el emblemático barrio Peñi Trapún, sin saber que ese día sería el último. No estaba solo, estaba con su tío. No había otra forma.

Peñi Trapún es hoy escenario de una batalla campal de distintos grupos que se pelean por la esquina. Como si fuera una zona roja. Pero esta es una zona blanca. La cocaína domina todo: la cabeza de los pibes que consumen, de los que venden y de los que viven presos en sus casas para evitar lo que no pudo hacer Luciano: ser alcanzado por un tiro.

Una radiografía similar nos cuentan que se vive en el General Belgrano, Progreso, Nehuenche y San Martín. De un total de 13 barrios en la comarca petrolera, salvo la zona centro, el resto vive situaciones de violencia a diario, en donde la delincuencia y la venta de drogas van de la mano.

Plaza Huincul y Cutral Co están directamente relacionadas con el petróleo convencional. Todo comenzó en 1918, cuando el pueblo de Plaza Huincul fue creado por la empresa YPF para sus operarios, que estaban trabajando en la perforación del primer pozo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en el kilómetro 1294. Desde entonces la historia de estas dos ciudades estuvo ligada al preciado oro negro.

En la actualidad la comarca vive un coletazo de esa rica historia, con vaivenes de desempleo en el rubro y con ocasionales y abultados sueldos que permiten mantener vivo el negocio de la droga.

No cualquiera puede acceder a estos barrios. Detrás de las cortinas se ven algunas sombras, en las esquinas están los soldados, todos se conocen y cualquier extraño que ingrese es como si llevara un cartel led. Un equipo periodístico de este medio pudo ingresar, con la guía de unos vecinos. Las calles son de tierra, hay poca iluminación y casas precarias. Agazapados, en las esquinas con celular en mano, están los soldados esperando el mensaje que confirme el trato. También están ellas, en este negocio parece que rige la paridad de género.

“Todos esos responden a algún kiosco narco. Este distrito es como un escudo para ellos”, nos relatan nuestros guías. Casi con tristeza y obligada por la situación, una de ellas nos aclara: “Este barrio me vio crecer y yo lo quiero mucho, pero sé que también pasan cosas malas y queremos que esto se termine, no queremos ser un barrio peligroso”. Pero no saben cómo salir de esto porque no pecan de ingenuos: cuando un negocio funciona es porque hay oferta y demanda. Algunos hablan de zona liberada. Están confiados que con la llegada de la Gendarmería van a poder revertir. Mientras esta charla sucede, otro de nuestros guías niega con la cabeza: “Todos están involucrados”, dice.

Precisamente en el barrio Peñi Trapún viven los abuelos de Luciano. Su muerte fue la que colmó la paciencia y sacó a toda la comunidad a la ruta en reclamo de la Gendarmería. Fue una pueblada y la comarca petrolera tiene historia en estas luchas. La casa es de color azul, con detalles en blanco y rejas color negro. En esa vereda se desplomó su cuerpito, y nada pudo hacer su tío para ayudarlo.

Nuestros guías también nos llevaron a recorrer la barriada conocida como las 450 Viviendas -otros le dicen barrio General Belgrano- y el barrio Pampa.

Paradójicamente, para llegar al Pampa tenemos que pasar por la comisaría N°15 y justo en frente se encuentra un polideportivo. “Si crees que todo esto que ves te da seguridad, estás equivocado. Ahí no se hace deporte, ahí se esconden las bandas”, nos cuentan. Es cierto: el lugar está abandonado, sus paredes pintadas, que denotan la ausencia de vida y también del Estado. Hay pibes jugando al fútbol, pero luego entendemos que se trata sólo de apariencia. En la esquina, están custodiando los soldaditos.

Algo parecido sucede cuando nos metemos de lleno en el populoso barrio de las 450 Viviendas. Este es considerado un bastión narco. Y su demolición fue uno de los 27 puntos del acta presentada a las autoridades durante la protesta en las rutas. “Estamos cansados de esta situación, todo el mundo sabe que eso es un aguantadero y nadie hace nada”, dicen nuestros acompañantes de esta travesía. El lugar fue construido entre las décadas del ‘80 y ‘90, y estaba destinado a facilitar una vivienda a los empleados estatales. Hoy sus muros son testigos de infinidad de crímenes. Hay departamentos abandonados, que fueron usurpados muchos de ellos y otros tantos destruidos por delincuentes, para que no vuelvan a ser habitados y de esa manera ser usados como centro de operación narco.

Una vez adentro, comprobamos la utilidad de estos edificios de diseño francés: son el lugar ideal para esconderse, refugiarse y escapar si se puede. Sus pasillos angostos aseguran que, por un lado, sólo lleguen quienes conocen cada uno de sus recovecos y por el otro, impiden el acceso de vehículos. Esas peatonales pueden ser el canal de salvación o una trampa mortal. Y por si hay dudas, entre las decenas de graffitis que inundan las paredes, se destaca uno que dice: “Camino al Cielo”. “¿Sabés qué significa? entrá si querés, salí si podés”, nos explica nuestra guía.

Parece una historia lejana, pero es cierta. Estos barrios pertenecen a Cutral Co. Y evidencian de manera literal lo que se vive adentro de sus fronteras, donde hay códigos y leyes propias. Todos los demás, incluída la Policía, son de otro palo.  “La Policía recorre las calles, pero muchas veces se ve atada de manos y pies, y no puede hacer nada contra estos grupos violentos”. Esta reflexión, con cara de tristeza de una de las mujeres que nos acompañó en la recorrida, es en realidad un pedido a gritos. Ojalá se escuche antes que gane la velocidad de otra bala perdida.

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