El 13 de enero de 2006 quedó marcado en la historia policial de Argentina por el audaz robo al Banco Río en Acassuso. A dos décadas de aquel suceso, Miguel Sileo, ex negociador policial con casi 34 años de carrera y más de 60 negociaciones exitosas sin víctimas fatales, recordó detalles inéditos del operativo.
Aquel día, Sileo estaba de servicio cuando fue informado del enfrentamiento en Vicente López, vinculado a un robo y la muerte de un policía. Paralelamente, en Acassuso se desarrollaba una toma de rehenes en un banco, inicialmente sospechada de estar relacionada con la misma banda, pero luego confirmaron que eran incidentes distintos.
Los negociadores y el banco
Alrededor de las 14:00, el equipo de negociadores, equipado con chalecos antibalas, llegó al banco y se reunió con las autoridades. Ya se había liberado un rehén y se supo que el líder de la banda, identificado como “el hombre del traje gris” (Luis Mario Vitette Sellanes), había retenido el Nextel de un efectivo policial.
Desde ese momento, Sileo mantuvo una extensa comunicación con Vitette a través del Nextel, en un diálogo marcado por la tensión y la estrategia. En palabras del propio Sileo, “Que me reconozca me sorprendió, me descolocó. Después, con el tiempo, nos enteramos de que ellos habían visto situaciones de rehenes”.
Durante la negociación, Sileo observó que el líder estaba “sentado en un sillón, muy canchero, cruzado de piernas”, una imagen que lo sorprendió. Vitette manifestó que no querían que ocurriera “otro Ramallo”, en referencia a un caso previo en el que murieron tres personas durante un robo bancario, advirtiendo una amenaza explícita de masacre que el negociador interpretó como señal del peligro que representaban.
En un momento, el delincuente usó una identidad falsa, diciendo llamarse Walter, nombre del policía dueño del Nextel liberado inicialmente. Sileo intentó establecer un diálogo de confianza, solicitando que se quitara el pasamontañas y ofreciendo calmar a sus compañeros alterados tras un “robo exprés” que había salido mal.
Las conversaciones continuaron con intercambios donde se negociaba la liberación de rehenes y hasta pedidos de comida. Vitette solicitó pizzas mozzarella para los nueve integrantes de la banda, a lo que Sileo respondió: “Ok. No hay problema, ¿qué tipo de pizza querés?”.
A lo largo de la tarde, se liberaron varios rehenes, aunque los negociadores desconocían detalles precisos del interior del banco, salvo que los delincuentes estaban distribuidos en las tres plantas del edificio. La tensión se mantuvo hasta la entrega de la comida, cuando Sileo perdió contacto con Vitette.
Una situación inesperada ocurrió cuando el guardia de seguridad dentro del banco llamó desde su teléfono asegurando que “acá no están los ladrones, estamos solos”. Sileo interpretó que la banda había preparado una vía de escape y propuso entrar con sorpresa, pero la orden fue esperar para no poner en riesgo a las personas.
Finalmente, cerca de las 19:00, se ordenó el ingreso táctico, dividiendo equipos para cubrir el hall central, la planta alta y el subsuelo. Sileo, encargado del subsuelo, no encontró a los delincuentes allí y horas después se descubrió un boquete detrás de un mueble que sirvió como vía de fuga.
En el lugar hallaron armas que resultaron ser réplicas de juguete y una nota donde los ladrones dejaban un mensaje desafiante: “en barrio de ricachones, sin armas ni rencores es plata y no amores”.
La investigación posterior se centró en capturar a los responsables. Gracias a tecnología recién llegada al país para rastrear correos electrónicos y a la confesión de una persona cercana a uno de los ladrones, las autoridades lograron detenerlos en distintos puntos del país. La esposa de uno de los acusados fue clave al identificarlos tras reclamarles dinero.
Sobre su labor, Sileo destacó que el objetivo principal de un negociador es proteger a las víctimas y evitar pérdidas humanas. En este caso, consideró que la fuga de la banda no fue un saldo negativo, ya que “no se escapó un tiro, no hubo heridos, ese es mi trabajo”.
El ex negociador se retiró en 2019 con un récord de más de 60 secuestros negociados sin víctimas fatales, un logro que valoró como resultado de la complejidad y las múltiples variables que implica cada operativo.