El homicidio de Diego Antonio Cid, conocido en el ambiente como “Jabalí Chico”, sacudió el Alto de Bariloche. Fue acribillado el jueves de madrugada, y para los investigadores la teoría más fuerte es la de un crimen por encargo ejecutado por sicarios neuquinos.
El ataque fue brutal. Según reconstruyeron fuentes vinculadas a la causa, Cid fue interceptado cerca de la rotonda del Diarco y recibió múltiples disparos que impactaron en el abdomen y otras zonas vitales. No hubo forcejeo ni intento de robo. Tampoco señales de improvisación. Por el contrario, la mecánica del hecho, rápida, precisa y con una fuga planificada, refuerza la sospecha de que detrás hubo logística y dinero. Un buen tirador que podía cumplir su misión desde un auto en movimiento
Además, un dato no menor comenzó a inclinar la balanza hacia la hipótesis de ajuste de cuentas: la víctima tenía múltiples antecedentes por robos y estafas vinculadas a la venta de autos y terrenos. En el ambiente, su nombre no era desconocido. De hecho, arrastraba conflictos económicos y denuncias que, ahora, forman parte del rompecabezas que intenta armar la fiscalía.
Por eso, la línea más firme indica que los autores serían al menos dos hombres que no serían de Bariloche. La sospecha apunta a sicarios provenientes de Neuquén o de alguna localidad cercana del Alto Valle rionegrino, que habrían viajado especialmente para ejecutar el ataque y luego escapar sin dejar rastros.
Los especialistas continúan analizando cámaras de seguridad publicas y privadas, en búsqueda de algún dato relevante. Un testimonio pone a un auto blanco en la escena. La Justicia ordenó el allanamiento de un hostel en el que podrían haber estado albergados los asesinos, pero no hubo detenidos.