HISTORIAS CRUELES

El gobernador de Neuquén que murió asesinado

Fue una muerte violenta y no se investigó nunca. La historia del efímero gobernador durante un golpe de Estado.
lunes, 1 de junio de 2020 · 16:51

Luis Gabriel Gómez Forgues asumió la gobernación de Neuquén el 20 de septiembre de 1955. Se había dado el golpe de Estado contra el gobierno de Juan Domingo Perón, y el país convulsionaba, preso de una fiebre que tendría después repeticiones crónicas, y dejaría una estela de sangre, fuego, sufrimiento y autoritarismo marcada para siempre en el siglo XX de la Argentina.

Gómez Forgues era coronel del Ejército Argentino. Era, también, peronista. Como cuenta, en la narración de la historia de cómo vivió Neuquén aquel golpe, Héctor Enrique Castillo (Neuquén, Crónica de una Época… y la Fundación del MPN), apenas asumió el mando del territorio designó colaboradores y autoridades, provinciales y municipales, en ese primer día ajetreado, con la oreja puesta en lo que sucedía en Buenos Aires, en tiempos de comunicaciones todavía precarias.

Nombró centenares de funcionarios. Entre ellos, a quien sería después uno de los fundadores del MPN, de firme estirpe peronista, un suboficial retirado del Ejército llamado Carlos Juan Sobisch, padre de un pibe llamado Jorge, quien, al cabo de unos cuantos años y recuperada la democracia en Argentina, sería una vez intendente de Neuquén y tres veces gobernador de la Provincia.

Al otro día, el coronel Gómez Forgues, que tenía 42 años y era, insisto, peronista, fue hasta el destacamento policial que había en el puente carretero que unía a Neuquén con Río Negro. Quería esperar allí a las tropas del Ejército de Neuquén que se habían movilizado para defender a Perón. Esas tropas no pudieron pasar el puente sobre el arroyo Las Oscuras, porque ese paso fue volado con dinamita por los golpistas de la Revolución Libertadora, que se habían hecho muy fuertes en Puerto Belgrano, con la Marina bajo el mando de Isaac Rojas.

El coronel gobernador esperó varias horas el retorno de esas tropas. Quería recibirlas él. Pero no había noticias, y entonces decidió volver a la gobernación. Dejó instrucciones para que le avisaran cuando vieran las columnas volver. Esto lo contó Reynaldo Pastor Gutiérrez, quien era subcomisario de la policía y estaba al mando del destacamento del puente. Nadie sabía entonces que un nieto de Gutiérrez, Omar, sería dos veces elegido como gobernador de la misma provincia que vivía esos días difíciles del golpe del ’55.

Fue Gutiérrez quien llamó a la gobernación para avisarle al gobernador Gómez Forgues, que las tropas se aprestaban a cruzar el puente, de regreso. Pero una voz seca, dura, tajantemente le contestó: “El gobernador está muerto”.

El 22 de septiembre de 1955, se inscribió el deceso de Luis Gabriel Gómez Forgues, encontrado muerto en su despacho. Tenía, se consignó, “fractura de bóveda craneana”. El certificado de la muerte fue expedido por un médico que después escribiría otra gesta histórica, como líder del Cipolletazo, rebelión popular registrada en septiembre de 1969: Julio Dante Salto.

No se investigó esa muerte. Fue una muerte violenta. Es difícil romperse la cabeza voluntariamente, sin arrojarse al vacío desde una altura considerable. Difícil poder hacerlo encerrado en una oficina. La presunción fue: asesinato. La conveniencia: ocultar los detalles de lo que había pasado. La suposición más lógica, a través de los años: es probable que, al coronel gobernador por dos días de Neuquén, lo hayan matado de un golpe con “un objeto contundente”. ¿Un culatazo? Todo puede ser, cuando se vivía un golpe contra el peronismo. El gobernador era, ciertamente, peronista.

Hubo dos personas que fueron citadas como testigo de la muerte. En realidad, lo único que atestiguaron fue que vieron el cadáver. Seguramente fueron llevados con ese propósito a la escena del crimen. Víctor Julio Farías, un hombre que tenía entonces 34 años; y Rodolfo Rossi, de 46.

El coronel Forgues pasó así a la historia (la historia no contada) como el gobernador de los dos días más intensos del siglo pasado, los que siguieron al derrocamiento de Juan Domingo Perón. Esos episodios marcaron a fuego a la provincia. Fueron el origen de lo que sería después, a partir de 1961, el Movimiento Popular Neuquino, y una larga hegemonía que se mantiene hasta nuestros días. Tanta continuidad, nacida de tanta interrupción.

Fuente: Neuquén. Crónica de una época… Y la fundación del MPN. Héctor Enrique Castillo. 2005.

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