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El 16 de junio de 1955, día inolvidable en mi adolescencia

Recuerdo en primera persona de los cruentos bombardeos en Plaza de Mayo, que anticiparon la caída de Perón.
martes, 16 de junio de 2020 · 19:49

La Escuela Normal de Señoritas N° 3, estaba ubicada en la calle Vieytes de Barracas, frente al Borda, lugar donde aún hoy habitan los llamados locos. Ahí iba yo al colegio secundario. 

Era exclusivo para mujeres, sin embargo, la presencia de los varones era inevitable porque a pocos metros estaba el Colegio Industrial de varones, la llamada Escuela Técnica de oficios.

La rutina del colegio era como son todas las rutinas colegiales: ruidos, gritos, corridas, risas, peleas, llantos, odios y amores, amonestaciones y la severa figura de la Rectora: alta, rubia con el pelo recogido en la nuca y un bello rostro atravesado por un gesto de condena, se llamaba Nely. Era la Señorita Nely.

Lo importante del día, era la salida. Allí se producían los encuentros y desencuentros con los "pibes de la técnica". En la esquina, entre ambos colegios, había una librería, era el reducto de los abrazos de emergencia, de los besos robados, de las mejillas coloradas como a la témpera de la vidriera. El dueño,cómplice de esas aventuras amorosas, sonreía y cobraba a regañadientes una goma de borrar: era la gran inversión que hacíamos como excusa para gozar de ese momento.

Ese día fue distinto: un clima raro se vivía en el patio del colegio. La señorita Nely, no apareció a controlarnos, había un silencio desconocido, una tensión que se sentía en el cuerpo. En un momento, la señorita Nely rodeada de algunos profesores comenzaron a entrar a las aulas y con firmeza gritaba: ¡vamos!, ¡salgan! ¡rápido, rápido!, ¡recojan sus cosas y salgan todos!!. Atropellándonos, asustadas corríamos por el patio en dirección  a la puerta de salida, nos mirábamos y preguntábamos: ¿qué pasa?, ¿qué pasa?. Inmediatamente se escucharon los aviones que volaban sobre nuestras cabezas. Ya en la calle, de a dos, de a tres  solas, corríamos buscando el lugar de la parada del colectivo que nos llevaba a la estación Constitución (quedaba cerca) para abordar el tren que nos devolvía a Bernal, donde vivíamos con la familia al igual que las compañeras del curso.

Jamás olvidaré ese recorrido: el colectivo no llegaba nunca, caminamos mucho, apuradas, llorando, con gente que también corría y gritaba: ¡son los militares!, ¡son los militares!. Se escuchaba el tronar de bombas y veíamos vehículos que pasaban rápidamente cargados con gente amontonada, algunos con visibles heridas. Un caos, un horrible caos, y ese cuerpo tirado sobre la parte de atrás de una camioneta que tocaba bocina para abrirse paso y llevar al herido a algún hospital, la imagen de una película que aparece en mi  memoria con nitidez.

 Ojala pudiera recordar cómo llegamos al tren que nos depositó en Bernal. Desde ese lugar cotidiano, amable y familiar que era el,tren, escuchábamos a la gente, gritando, y el ruido de bombas y otros provenientes del mismo caos.  

Mientras, en Bernal, en la calle Catamarca donde vivíamos, los vecinos rodeaban a mi madre en la puerta de nuestra casa, que desesperada, pedía por mi sabiendo que estaba en un lugar tan peligroso como Constitución. 

Caminamos por fin, hacia mi casa. Los vecinos estaban en la calle averiguando entre ellos y comentando espantados lo que estaban escuchando a través de la radio. A lo lejos, divisé al grupo de personas y supe que en él estaba mi madre. Bastó vernos para entender muchas cosas. Mi padre estaba adentro escuchando la radio que confusamente informaba sobre lo que pasaba. Recuerdo su rostro, dolorosamente serio. "son los hijos de puta de los militares", dijo. Solo eso: "son los hijos de puta de los militares".¡Lo vi tan entero y convencido de saber quienes eran sus enemigos!. Si, eran sus enemigos, por lo que eran también los enemigos míos, de mi hermano, de mi madre, de mis amigos, de mis vecinos, del barrio, del colegio, de todos.Tenían nombre y apellido los enemigos de siempre. 

Era el 16 de junio del año 1955, cuando, adolescente, yo iba a la escuela Normal de Señoritas N° 3, y nos encontrábamos con los "pibes de la técnica". 

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