Chile atraviesa una de las emergencias más devastadoras de los últimos años. El fuego avanzó sin pausa sobre zonas rurales y urbanas, dejó un saldo preliminar de 20 personas muertas, miles de damnificados y una geografía marcada por cenizas, casas reducidas a escombros y comunidades enteras paralizadas por el dolor.
El Estado de Catástrofe rige en amplias regiones del sur, donde la situación sigue siendo crítica. Los incendios están contenidos en algunos sectores, pero lejos de estar controlados, y en otros casos está fuera de control. La amenaza permanece activa y el número de víctimas podría crecer.
Víctimas, destrucción y búsquedas en marcha
Desde Viña del Mar, el comandante del Cuerpo de Bomberos, Héctor Cáceres, describió el escenario con crudeza en diálogo con AM550.
“Estoy preocupado por la situación que se está viviendo, hay 20 fallecidos, preliminarmente. No hay una cifra clara de desaparecidos, se siguen haciendo búsquedas en sectores arrasados”, advirtió.
La magnitud del daño material es igual de estremecedora.
“Hay 1.500 viviendas destruidas al menos. Hay sectores rurales que bomberos no logró controlar el incendio”, señaló Cáceres, al dar cuenta de casas aisladas en medio del campo donde convivían varias familias y que fueron alcanzadas por las llamas sin posibilidad de defensa.
El fuego se mueve y el riesgo se expande
El comportamiento del incendio agrava la angustia. Según explicó el comandante, los frentes avanzan hacia el sur impulsados por condiciones meteorológicas adversas. “Empezó a ingresar una brisa costera, que se topa con los vientos internos y empuja el incendio (…) más hacia el sur. Son tres regiones: Ñuble, Biobío y Araucanía”, detalló.
Hasta el último reporte oficial, había 14 focos activos, de los cuales entre seis y siete presentan un comportamiento extremo. Para estos focos, el comandante fue tajante:
“No hay ninguna posibilidad de control” en esos casos, reconoció Cáceres, al referirse a incendios convectivos, los más destructivos a nivel mundial.
Años de sequía y un escenario cada vez más extremo
La tragedia no es un hecho aislado. Cáceres trazó una línea preocupante con el pasado reciente:
“Tras incendios pasados, pensábamos que no iba a haber nada más grande. Cada vez son más regiones que están complicadas, y la voracidad de incendios tiene que ver con varios factores, cambio climático y años de sequía”, sostuvo.
Las temporadas de incendios se extendieron y se volvieron más agresivas. “Antes empezaban a fines de noviembre y terminaban en marzo. Ahora empiezan en octubre y terminan en mayo”, explicó, dejando en evidencia un problema estructural que supera la emergencia actual.
Brigadistas al límite y ayuda que cruza la cordillera
En medio del desastre, el trabajo de los equipos de respuesta es incansable. Más de mil bomberos, personal de Conaf, militares, carabineros y grupos civiles combaten el fuego en condiciones extremas. “Llegó gente de Argentina que nos permite un respiro”, destacó Cáceres, y remarcó el enorme esfuerzo logístico que implica sostener la emergencia.
Detrás de cada combatiente hay otra persona brindando apoyo médico, alimentación y resguardo. Incluso, en algunas zonas, el ingreso requiere custodia militar. “Hay zonas donde bomberos han sido atacados”, alertó el comandante.
Una catástrofe que golpea a todo un país
Ciudades paralizadas, eventos deportivos, turísticos y culturales suspendidos y comunidades volcadas por completo a la emergencia describen el impacto social del desastre.
“Concepción está bastante golpeada, con medios de emergencia, abocada a prestar apoyo a la emergencia”, resumió Cáceres.
Mientras el fuego sigue activo y el humo cubre pueblos enteros, Chile enfrenta una tragedia que deja muerte, desolación y una herida profunda. La imagen de casas quemadas, bosques reducidos a cenizas y familias que lo perdieron todo convive con el esfuerzo silencioso de quienes arriesgan la vida para evitar que el desastre sea aún mayor.