Mientras banderas venezolanas copaban el centro de Neuquén y cientos de personas se reunían en el Monumento a San Martín, una voz resumía el clima de época con una mezcla de alivio y bronca contenida. Franklin García, ingeniero en petróleo y vecino de la ciudad, habló desde su experiencia personal y lanzó una comparación que no pasó inadvertida.
“La noticia del sábado sorprendió, cuando venimos esperando un cambio, de hecho, es por eso que muchos venezolanos estamos en esta ciudad en este país", expresó.
Su mirada se apoyó en años de distancia, decisiones forzadas y una lectura crítica sobre lo que dejó el poder en su país.
De Venezuela a Neuquén, por necesidad y no por elección
García llegó a la Argentina hace 18 años. No lo hizo por turismo ni por curiosidad profesional. Según relató, su salida de Venezuela estuvo marcada por la imposibilidad de seguir trabajando tras haber sido despedido de la empresa estatal.
Neuquén apareció entonces como una oportunidad concreta. Primero llegó solo, con trabajo en el sector petrolero. Más tarde se sumó su familia. El arraigo fue creciendo con el tiempo, al punto de construir una vida que hoy no imagina abandonar.
"Yo no podía trabajar en ese país, por ser despedido de la empresa estatal", enfatizó el venezolano.
El anuncio que sorprendió y aceleró los festejos
El sábado, la noticia internacional sacudió a la comunidad venezolana en Neuquén. Lo que muchos esperaban desde hacía tiempo terminó de desatar concentraciones, abrazos y lágrimas en pleno centro.
Para García, el impacto fue inmediato. La expectativa de un cambio largamente postergado reapareció con fuerza, aun sabiendo que ningún proceso de este tipo está exento de consecuencias.
“No digamos que me alegra porque siempre hay efectos colaterales, pero si por el nuevo rumbo que puede tomar Venezuela desde la captura del presidente, eso si me alegra porque va a cambiar, debe cambiar", dijo entusiasmado.
La comparación que incomoda
En su análisis, el ingeniero puso el foco en un punto sensible. Señaló que gran parte del debate público se concentró en las personas que murieron durante la incursión militar, un número que ubicó entre 48 y 50 víctimas.
Sin embargo, contrapuso ese dato con otro que, según remarcó, suele quedar relegado: más de 10 mil muertos desde que Nicolás Maduro está en el poder, sin contar el período de Hugo Chávez. A eso sumó los desaparecidos y los presos políticos.
La pregunta que dejó flotando fue directa y sin eufemismos: si unas muertes generan repudio inmediato, por qué otras quedan invisibilizadas.
"Desde que Maduro está en el poder, sin tomar a Chávez, hubo más de 10 mil muertos, amen de los desaparecidos y los políticos que están presos., entonces ¿ellos no tienen familia? ¿o solo tienen familia estos que murieron en la intentona?", se preguntó.
Optimismo con límites y heridas abiertas
García aclaró que no celebra la muerte de nadie. Reconoció los efectos colaterales de cualquier conflicto, pero sostuvo que la posibilidad de un cambio político le genera alivio y esperanza.
Describió a Venezuela como un país atravesado por divisiones profundas, muy distinto al que dejó atrás. Admitió que antes había problemas, pero no el nivel de fractura social que, según su mirada, se consolidó con los años.
Un futuro lejos de Caracas
Aunque no descarta volver a trabajar en Venezuela si el escenario cambia, García fue claro respecto a su vida actual. Neuquén es hoy su lugar, el espacio donde pudo reconstruirse profesional y familiarmente.
Desde allí observa lo que ocurre en su país de origen, con optimismo prudente y una indignación que no se diluye. Su testimonio, en medio de los festejos y las polémicas, puso palabras a una sensación compartida por muchos venezolanos que eligieron —o se vieron obligados— a empezar de nuevo lejos de casa.
“No volvería para quedarme a Venezuela, tengo tanto tiempo fuera y me acostumbre tanto acá por la forma que me recibieron, por lo bien que me ha ido. Yo vine con titulo universitario, entonces tengo propiedades y todo. Iría a trabajar, pero no a quedarme", reconoció el extranjero.