La peligrosa y destruida ruta Nacional 151, una de las arterias más castigadas del país y clave para Vaca Muerta, comenzó a recibir obras de bacheo y calce de banquinas en dos de sus tramos más comolejos, después de años de abandono. Vialidad Nacional confirmó trabajos en sectores donde el asfalto prácticamente desapareció, con especial gravedad en el tramo entre Puelén y la Ruta Provincial 14 (camino a Santa Isabel), donde circular ya no es viajar: es sobrevivir.
La noticia, aunque positiva en los papeles, llega tarde para una ruta que desde hace años se convirtió en una trampa para conductores, transportistas y vecinos. La 151 no es un camino secundario: es la principal vía de comunicación entre Mendoza y la Patagonia, y además funciona como puerta de entrada a Vaca Muerta, uno de los motores económicos del país. Sin embargo, el estado del pavimento contrasta brutalmente con esa importancia estratégica.
En primer lugar, Vialidad Nacional anunció trabajos en el sector conocido como El Sauzal, un tramo de 8 kilómetros que va desde el Puente Dique —límite con Río Negro— hasta el empalme con la Ruta Provincial 20 (Conquistadora del Desierto). Ese sector no solo es clave por su tránsito constante, sino porque marca el ingreso directo al corazón de Vaca Muerta.
Allí, los baches, los desniveles y las banquinas comidas por el tiempo transformaron la circulación diaria en un riesgo permanente. y el paso de vehículos es a paso de hombre.
Pero si ese tramo preocupa, el segundo directamente alarma. Se trata de 70 kilómetros entre los kilómetros 198 y 268, desde Puelén hasta el cruce con la Ruta Provincial 14. En esa zona, el asfalto está tan deteriorado que en muchos sectores ya no puede llamarse ruta pavimentada.
Son 70 kilómetros que pareciera el resultado de un bombardeo, donde lo que queda es una mezcla de cráteres, grietas y tierra suelta, con banquinas inexistentes y bordes descalzados de más de 40 centímetros que empujan a los vehículos a roturas graves.
Además, el desgaste no es nuevo ni sorpresivo. Durante años, la Ruta 151 soportó tránsito pesado, camiones petroleros y circulación constante sin mantenimiento de fondo. El resultado está a la vista: un corredor estratégico convertido en un camino destruido, donde cada viaje suma tensión, roturas mecánicas y riesgo de accidentes graves.
Por eso, aunque Vialidad Nacional desplegó personal y maquinaria, y pidió extrema precaución a los conductores, la advertencia suena casi irónica. La precaución ya no alcanza cuando el pavimento se desarma bajo las ruedas. Aun así, se solicita respetar a los banderilleros, la señalización provisoria y las velocidades máximas, para evitar más tragedias en una ruta que ya cobró demasiado.
Finalmente, estas obras marcan un inicio, pero no alcanzan para borrar años de desidia. La Ruta 151 necesita mucho más que bacheo: necesita una reconstrucción seria y urgente. Mientras tanto, los trabajos arrancan justo donde la ruta está peor, donde el asfalto es apenas un recuerdo y donde circular se volvió una prueba diaria. Demasiado tarde para muchos, pero imprescindible para que la 151 deje de ser sinónimo de abandono y peligro.