Lo que empezó como una jornada más al volante terminó convirtiéndose en una escena digna de película. En una ciudad que creció y se transformó, el azar decidió detener el tiempo por unos minutos y devolverle a Mariana un pedazo de su pasado. La historia, difundida por el portal El Cordillerano, ocurrió en San Carlos de Bariloche y tiene todos los ingredientes de un relato emotivo: memoria, coincidencias y un reencuentro después de más de tres décadas.
Ese día ya estaba cargado de nostalgia. El hijo mayor de Mariana, Ivo, cumplía 32 años. “Estuve movilizada todo el día, reviviendo cosas y llorando por cada rincón”, contó. Para despejar la mente, decidió salir a trabajar con su auto. No imaginaba que el segundo viaje de la tarde le traería el regalo más inesperado.
Al llegar al punto de recogida, vio a dos mujeres con una torta rosada. La pregunta salió espontánea: quién cumplía años. La respuesta la sorprendió: la hermana menor de una de ellas también celebraba sus 32.
Mariana, casi en tono de broma, lanzó:
—Si nació en el Hospital Zonal, seguro nos cruzamos con tu mamá. Mi hijo nació hoy, hace 32 años.
La conversación cambió de inmediato cuando la mujer confirmó que el parto había sido en el Hospital Zonal Ramón Carrillo. A partir de ahí, el viaje se convirtió en un túnel del tiempo.
Ambas comenzaron a reconstruir la escena: la habitación de maternidad, las camas alineadas, los nervios de las primerizas. Una estaba en la penúltima cama, la otra en la última. Las dos tenían 20 años cuando dieron a luz. El recuerdo se volvió certeza cuando la pasajera, con los ojos abiertos de par en par, dijo que recordaba el apellido de Mariana… y también el nombre de aquel bebé: Ivo.
El silencio del auto se llenó de emoción. Hubo lágrimas, risas nerviosas y recuerdos de pañales, miedos y sueños compartidos en aquellos días de hospital. Treinta y dos años después, el destino había decidido cruzarlas otra vez, esta vez en un simple viaje de trabajo.
Antes de despedirse, intercambiaron teléfonos. En una ciudad que ya no es el pueblo de antes, donde todos se conocían, el azar logró por un instante que Bariloche volviera a ser ese lugar pequeño donde las historias se entrelazan.
A veces, basta un viaje cualquiera para que el pasado toque la puerta. Y a veces, el destino —caprichoso y preciso— se sienta en el asiento de atrás